TEMPORADA 1 — EL DESPERTAR

ARCO II — CERO

EPISODIO 08

Registro

13 min de lectura

Tres semanas después de La Caída, todos los teléfonos del país vibraron casi al mismo tiempo.

Daniel estaba en la cocina cuando ocurrió.

El suyo se movió unos centímetros sobre la mesa.

El de Lina sonó desde el salón.

El de su padre vibró junto a una taza.

Chas.

La cuchara que sostenía cayó sobre el plato.

—Otra vez —dijo Lina.

—Estática.

Su padre recogió la cuchara como si la palabra bastara para cerrar el asunto.

Daniel miró la pantalla.

AVISO A LA POBLACIÓN.

GOBIERNO DE ESPAÑA.

Debajo había un enlace.

La televisión interrumpió el programa que nadie estaba viendo.

Una mujer apareció frente a un fondo azul.

No había música.

Ni imágenes de fragmentos.

Solo una mesa, varios micrófonos y una frase en la parte inferior de la pantalla.

PLAN NACIONAL DE REGISTRO Y EVALUACIÓN.

—El Gobierno de España ha aprobado un procedimiento extraordinario y escalonado para registrar y evaluar los fenómenos físicos detectados desde La Caída.

La madre de Daniel salió de la cocina secándose las manos.

—¿Qué significa eso?

Nadie respondió.

La mujer continuó.

—A partir de hoy, la población recibirá una citación por grupos de edad y zona de residencia. La evaluación será obligatoria y se realizará en centros habilitados de todo el territorio nacional.

En pantalla aparecieron hospitales, pabellones y edificios municipales.

Filas.

Mesas.

Equipos nuevos instalados junto a material médico.

—El objetivo es identificar respuestas anómalas, proteger a las personas afectadas y unificar datos que hasta ahora han sido recogidos mediante protocolos distintos.

Su padre dejó de fingir que no prestaba atención.

—Obligatoria —repitió.

La palabra permaneció unos segundos en la habitación.

—Los estudios realizados durante las últimas semanas han confirmado la presencia de una forma de energía desconocida asociada a los fragmentos y a determinados fenómenos registrados en seres vivos.

La mujer hizo una pausa.

—A partir de este momento, los equipos científicos emplearán una denominación provisional común: Éter.

Daniel miró a Lina.

Ella no apartó los ojos de la pantalla.

Éter.

Por primera vez, aquello tenía un nombre.

No una explicación.

Solo un nombre.

—Las citaciones se enviarán de forma progresiva. Rogamos a la población que respete el orden asignado y no acuda a los centros sin convocatoria.

El móvil de Lina vibró.

Después el de Daniel.

Los dos bajaron la vista.

LINA RODRÍGUEZ.

DANIEL RODRÍGUEZ.

Mismo centro.

Misma hora.

Su madre leyó por encima de sus hombros.

—Voy con vosotros.

—Mamá —dijo Lina.

—Voy con vosotros.

Daniel guardó el teléfono.

No parecía haber margen para discutir.

◆

El centro ocupaba dos pabellones unidos por un pasillo cubierto.

Tres semanas antes, el edificio había recibido heridos.

Ahora recibía a todo el mundo.

Una fila avanzaba bajo carteles sujetos con cinta adhesiva.

ESTACIÓN 1 — IDENTIFICACIÓN.

ESTACIÓN 2 — ANTECEDENTES.

ESTACIÓN 3 — MUESTRAS.

ESTACIÓN 4 — DETECCIÓN.

ESTACIÓN 5 — RESULTADO PROVISIONAL.

Cada persona llevaba una pulsera blanca con un número.

Policías controlaban los accesos.

Sanitarios tomaban constantes.

Técnicos desplazaban cajas selladas entre estaciones.

No había cámaras.

No había periodistas.

Solo cientos de personas intentando actuar como si aquello fuera una revisión médica cualquiera.

—Documentación —pidió un funcionario.

Daniel entregó la suya.

El hombre comprobó la pantalla.

—Daniel Rodríguez.

—Sí.

Tecleó.

—Primera evaluación.

Daniel asintió.

El funcionario miró a Lina.

—Lina Rodríguez.

Ella entregó su documento.

El hombre leyó algo más.

—Evaluación preliminar previa.

—Vine hace tres semanas.

—Aquellos registros se incorporarán al expediente. Hoy repetiremos las mediciones con el protocolo nacional.

Lina apretó la correa de su bolso.

—¿Por qué?

—Porque hace tres semanas cada centro medía cosas distintas.

Le devolvió el documento.

—Ahora intentamos que todos midan lo mismo.

Les entregó dos pulseras.

—Sigan la línea blanca.

La línea recorría el suelo y se dividía en varios colores al llegar al primer pabellón.

Daniel la siguió con la mirada.

—Esto parece un aeropuerto.

—En los aeropuertos sabes adónde vas —dijo Lina.

Avanzaron.

En la segunda estación respondieron preguntas que Lina ya conocía.

¿Ha observado movimientos de aire sin causa identificable?

Sí.

¿Ha ocurrido más de una vez?

Sí.

¿Aumenta durante situaciones de estrés?

Lina dudó.

—Sí.

Daniel recibió otro formulario.

¿Ha provocado usted algún fenómeno físico inusual?

No.

¿Ha percibido cambios corporales desde La Caída?

No.

¿Ha estado en contacto directo con fragmentos?

No que supiera.

Marcó la casilla.

Entregaron los documentos.

Una corriente suave recorrió el pasillo.

Varias hojas se levantaron de una mesa.

Una técnica apoyó ambas manos sobre ellas antes de que cayeran.

—Nair.

El chico que estaba delante cerró los ojos.

Daniel reconoció el pelo oscuro y las gafas por la forma en que Lina se quedó quieta.

Nair se volvió.

Vio a Lina.

La reconoció también.

—Tú estabas aquí el otro día.

—Y tú hiciste volar los formularios —respondió Lina.

Nair miró la mesa.

—Sigo perfeccionando la entrada.

Lina sonrió apenas.

—Soy Lina.

—Nair.

Daniel observó a ambos.

Lina señaló a su hermano.

—Él es Daniel.

Daniel extendió la mano.

—Hola.

Nair la estrechó.

—Hola.

Fue así de sencillo.

Sin revelaciones.

Sin la sensación de que aquel encuentro fuera a importar.

Un técnico abrió una puerta.

—Nair, estación cuatro.

Nair soltó la mano de Daniel.

—Otra vez al aparato que no falla nunca salvo cuando falla.

—Eso inspira confianza —dijo Daniel.

—Es parte del tratamiento.

Nair entró.

La puerta se cerró detrás de él.

Lina miró a Daniel.

—Te cae bien.

—Ha dicho dos frases.

—Te cae bien.

Daniel iba a responder.

Una ráfaga hizo temblar el cartel de la estación.

Los dos miraron hacia la puerta.

—Sí —admitió Daniel.

◆

Las muestras ocuparon menos tiempo del que Daniel esperaba.

Sangre.

Temperatura.

Actividad cardíaca.

Un escáner recorriendo sus brazos.

Todo normal.

En la estación cuatro, lo normal terminaba.

La sala estaba dividida por paneles transparentes.

En el centro había una cápsula pequeña dentro de una caja sellada.

El fragmento no era mayor que la uña de un pulgar.

Oscuro.

Irregular.

Varios sensores apuntaban hacia él.

—¿Eso cayó del cielo? —preguntó Daniel.

La técnica ajustó una correa alrededor de la muñeca de Lina.

—Es una muestra aislada.

—No has respondido.

—Sí.

Lina miró la caja.

—¿Es seguro?

—No existe contacto directo. Su uso es experimental y la exposición dura menos de treinta segundos.

—Esa tampoco es una respuesta tranquilizadora.

La técnica no fingió que lo fuera.

—Si quieres detener la prueba, levanta la mano.

Conectó dos sensores.

Una gráfica apareció en el monitor.

—Respira con normalidad.

Lina lanzó una mirada a Daniel.

—Otra vez esa frase.

—Ya tienes experiencia.

La técnica activó el equipo.

Una compuerta interior se abrió.

El fragmento permaneció inmóvil.

La señal no.

Una línea atravesó la pantalla.

Desapareció.

Regresó con más fuerza.

La técnica se inclinó hacia el monitor.

Otra línea comenzó a oscilar a su lado.

El aire de la sala cambió.

Daniel lo sintió en la cara.

Un mechón del pelo de Lina se levantó.

Ella cerró los ojos.

—Lina —dijo Daniel.

—Estoy bien.

La técnica observó los valores.

—No intentes contenerlo.

—No sé cómo hacer ninguna de las dos cosas.

La corriente giró una vez alrededor de la silla.

Después perdió fuerza.

La compuerta se cerró.

Las líneas descendieron.

La técnica guardó el registro.

En pantalla apareció un código.

AE-01.

Lina lo leyó.

Lina observa la clasificación oficial AE-01 — AERIS en el sistema de evaluación.

—¿Qué significa?

—Una coincidencia de patrón.

—¿Con qué?

—Con una de las siete frecuencias que se repiten en los datos.

Daniel señaló el número.

—¿El uno es una medida?

—No. Es el orden en que fue catalogada. No indica potencia, riesgo ni capacidad.

—¿Y AE?

—Una identificación provisional.

Lina miró otra vez la pantalla.

—¿Tiene nombre?

—Todavía no uno oficial.

La técnica imprimió una hoja.

—Estación cinco os explicará el resultado.

Al salir, Nair esperaba apoyado contra la pared.

Sostenía una hoja idéntica.

Lina miró el código impreso en la esquina.

AE-01.

Nair siguió su mirada.

—Supongo que hacemos volar formularios de la misma manera.

Lina observó su propio resultado.

—Supongo.

Nair levantó la hoja.

—Al menos ya sé que el uno no significa que haya ganado nada.

—Nos lo han aclarado —dijo Daniel.

—A mí también. Dos veces.

Una puerta se abrió al otro lado del pasillo.

—Darian.

Un chico salió de la sala.

Alto.

Cabello oscuro.

Una forma de caminar que obligaba a los demás a apartarse antes de que él lo pidiera.

Llevaba el resultado doblado una sola vez.

SE-03.

No parecía preocupado.

Tampoco satisfecho.

Miró la sala como si ya hubiera entendido algo que los demás todavía estaban intentando ordenar.

Sus ojos pasaron por Nair.

Después por Lina.

Por último, por Daniel.

No se detuvieron.

Darian continuó hacia la salida.

Daniel lo siguió un instante con la mirada.

—¿Lo conoces? —preguntó Nair.

—No.

Y era verdad.

Antes de que llamaran a Daniel, la puerta contigua se abrió.

Un hombre salió con una hoja en la mano.

Daniel alcanzó a leer dos líneas cuando pasó junto a ellos.

AFINIDAD: NINGUNA

CLASIFICACIÓN: INERTE

El técnico que lo acompañaba cerró el expediente.

—Evaluación completada.

El hombre dobló la hoja y se marchó.

No repitieron la prueba.

Nadie revisó el equipo.

El resultado era válido.

—Daniel Rodríguez.

Daniel se levantó.

◆

La prueba de Daniel comenzó igual.

La misma silla.

Los mismos sensores.

El mismo fragmento detrás del cristal.

Lina y Nair esperaban al otro lado de la puerta.

Daniel apoyó las manos sobre las piernas.

—¿Listo? —preguntó el técnico.

—No especialmente.

—Con eso basta.

La compuerta se abrió.

Daniel observó el fragmento.

Esperó.

La gráfica permaneció inmóvil.

El técnico revisó una conexión.

—Otra vez.

Cerró la compuerta.

Reinició el equipo.

Volvió a abrirla.

Nada.

Daniel miró la pantalla.

—¿Está funcionando?

—Sí.

El técnico cambió uno de los sensores.

Repitió la prueba.

La línea continuó plana.

Entró una segunda técnica.

—¿Problema?

—No hay lectura.

Ella comprobó el fragmento.

Después el monitor.

—Usa la muestra de control.

La sustituyeron.

Daniel esperó otra vez.

Nada.

—¿Eso es bueno? —preguntó.

Ninguno respondió inmediatamente.

La segunda técnica abrió el historial.

—Constantes normales. Muestras normales. Sin incidentes declarados.

—Ya lo pone en el formulario —dijo Daniel.

—Necesitamos comprobarlo.

Repitieron la medición por cuarta vez.

El resultado no cambió.

El técnico escribió en el expediente.

RESONANCIA: 0

PATRÓN: —

RESULTADO: SIN CLASIFICAR

Daniel leyó las tres líneas.

—¿Sin clasificar?

—No existe coincidencia con ninguna frecuencia registrada.

—¿Entonces soy inerte?

—No. Si lo fueras, eso es lo que aparecería en la hoja.

—¿Porque no tengo nada?

El técnico miró el monitor.

—Porque no hemos detectado nada.

—No es exactamente lo mismo.

—No.

Daniel esperó una explicación más larga.

No llegó.

—¿Y ahora qué?

—Conservaremos la muestra y repetiremos la evaluación si el protocolo lo indica.

—¿Cuándo?

—No puedo darte una fecha.

El técnico imprimió el resultado.

La impresora estaba junto a la puerta abierta.

Darian pasaba por el corredor cuando la hoja salió.

RESONANCIA: 0.

La segunda técnica lo repitió en voz baja mientras verificaba el expediente.

—Cero. Sin patrón. Sin clasificar.

Darian redujo el paso.

Solo un instante.

Miró a través de la abertura.

Daniel seguía observando el monitor.

No lo vio.

La comisura de la boca de Darian se elevó apenas.

Después siguió caminando.

Cuando Daniel salió, Lina se levantó inmediatamente.

—¿Qué te han dicho?

Daniel le entregó la hoja.

Ella leyó.

Nair no intentó mirar por encima de su hombro.

—Cero —dijo Lina.

—Muy redondo.

—Dani.

—Estoy bien.

Lina levantó la vista.

Daniel reconoció esa expresión.

La misma que había puesto su madre al verlo regresar del pabellón.

—No pone que te ocurra nada malo —dijo ella.

—Tampoco que me ocurra algo bueno.

—Pone que no saben clasificarlo.

Nair miró la hoja cuando Lina la bajó.

—La mayoría verá el cero y te llamará inerte.

—Pero no es lo que pone —dijo Lina.

Daniel dobló la hoja.

—Dudo que eso les importe.

—Últimamente nadie sabe clasificar nada.

Nair señaló su propio código.

—A algunos nos ponen letras para disimular.

Daniel lo miró.

—Funciona bastante bien.

—Gracias.

Lina dejó escapar el aire.

Por primera vez desde que Daniel había salido de la sala, sus hombros descendieron.

—Tenemos que ir a la estación cinco.

—¿Hay más? —preguntó Daniel.

—Siempre hay más —dijo Nair.

Caminaron juntos.

◆

En la última estación no hubo nuevas pruebas.

Solo información.

Una mujer dejó tres carpetas sobre la mesa.

—Estos resultados son provisionales.

Señaló los códigos de Lina y Nair.

—AE-01 identifica una frecuencia común. No define lo que podéis hacer ni cuánto control tenéis.

Después miró la hoja de Daniel.

—Sin clasificar significa exactamente eso. No existe una asignación oficial.

—¿Hay más ceros? —preguntó Daniel.

La mujer tardó un segundo.

—Hay resultados incompletos, incompatibles y casos que deben repetirse.

—No es lo que he preguntado.

—Es la respuesta que puedo darte.

Guardó una copia de cada documento.

—Recibiréis una notificación si necesitamos otra evaluación. Hasta entonces, no intentéis provocar fenómenos por vuestra cuenta.

Nair levantó una mano.

—¿Cuenta respirar?

La mujer lo miró.

—Si al respirar levantas una mesa, llama al número de incidencias.

—De acuerdo.

Salieron del centro.

La fila rodeaba ya la esquina del edificio.

Personas de todas las edades esperaban con sus citaciones abiertas en el móvil.

Una niña preguntaba a su padre si la prueba dolía.

Un hombre repasaba el formulario por tercera vez.

Dos militares descargaban otro equipo.

En una pantalla exterior, los códigos aparecían uno debajo de otro.

AE-01.

AU-02.

SE-03.

IG-04.

NE-05.

SY-06.

VO-07.

Debajo, una advertencia.

EL ORDEN DE CATALOGACIÓN NO REPRESENTA NIVEL DE PODER, RIESGO O JERARQUÍA.

Daniel la leyó.

—Alguien ha tenido que explicar eso demasiadas veces.

—La gente convierte cualquier número en una competición —dijo Nair.

Lina observó su hoja.

—Sigue sin decirnos qué somos.

—Personas con muy mala suerte para los trámites —respondió Nair.

Daniel sonrió.

Lina negó con la cabeza.

—Tengo que volver con mis padres.

Nair guardó el resultado en la mochila.

—Yo voy hacia el metro.

Miró a Daniel.

—Nos vemos, cero.

Lina abrió mucho los ojos.

Daniel miró su hoja doblada.

Después a Nair.

—Nos vemos, uno.

Nair sonrió.

—Justo.

Se alejó.

Lina esperó hasta que estuvo a varios metros.

—Acabas de conocerlo.

—Y ya tenemos apodos.

—Te cae bien.

Daniel empezó a caminar.

—Puede.

Lina lo alcanzó.

—Dani.

—Estoy bien.

—No te he preguntado eso.

Daniel miró el papel que llevaba en la mano.

RESONANCIA: 0.

Por primera vez desde La Caída, algo había intentado medirlo.

Y no había encontrado nada.

Daniel observa su hoja de resultados del S.E.E. con Resonancia 0, Patrón sin identificar y estado Sin clasificar.

No sabía por qué aquello le molestaba.

Ni por qué una parte de él sentía que la máquina se había equivocado.

Guardó el resultado en el bolsillo.

—Vamos a casa.

◆

Esa noche, las cifras ocuparon todas las pantallas.

Más de un millón de citaciones emitidas.

Miles de evaluaciones completadas.

Siete patrones repetidos.

Cientos de resultados todavía sin clasificar.

Centros abiertos en todas las comunidades autónomas.

Equipos científicos comparando datos sin descanso.

El término Éter apareció en titulares, tertulias y mensajes.

Algunas personas lo pronunciaban como si siempre hubiera existido.

Otras se negaban a utilizarlo.

En laboratorios protegidos, fragmentos pequeños activaban señales en monitores nuevos.

En hospitales, los códigos empezaban a acompañar expedientes.

En centros provisionales, técnicos repetían una frase una y otra vez.

El número no es poder.

El código no es una identidad.

El resultado es provisional.

En una oficina de Madrid, varias carpetas fueron colocadas sobre una mesa.

INCIDENCIAS HUMANAS.

FAUNA ALTERADA.

FRAGMENTOS.

REGISTRO NACIONAL.

Una mujer pasó la última página de un informe.

—Los centros no pueden depender de una coordinación provisional.

Frente a ella, un hombre comprobó las cifras.

—La autorización ha llegado.

—¿Completa?

—Con revisión parlamentaria y control civil. Pero sí.

La mujer dejó el informe.

—Entonces empieza mañana.

—Ya ha empezado.

Deslizó una carpeta hacia el centro de la mesa.

En la portada había un nombre.

AGENCIA ESTATAL DEL ÉTER.

A.E.E.

La mujer contempló las iniciales.

—Todavía no sabemos qué estamos organizando.

—Por eso necesitamos organizarlo.

Abrió la carpeta.

La primera página mostraba el mapa de España cubierto de puntos.

La segunda, los siete códigos.

La tercera, una lista de resultados excepcionales.

En uno de ellos solo había tres líneas.

RESONANCIA: 0

PATRÓN: —

RESULTADO: SIN CLASIFICAR

La mujer pasó la página.

Fuera, la ciudad continuaba encendida.

Tres semanas antes, nadie sabía nombrar lo que había cambiado el mundo.

Ahora tenían una palabra.

Éter.

Tenían códigos.

Tenían registros.

Y acababan de crear una agencia para decidir qué hacer con todo aquello.

Pero poner nombre a algo no significaba comprenderlo.

Daniel Rodríguez dormía con el resultado guardado en un cajón.

Lina Rodríguez permanecía despierta mirando sus propias manos.

Nair comprobaba que las ventanas de su habitación estuvieran cerradas.

Darian sostenía su hoja bajo la luz, recordando un cero que no era el suyo.

Ninguno sabía todavía lo que aquellos códigos llegarían a significar.

Ni cuánto cambiarían sus vidas.

El registro había comenzado.

CORTE A NEGRO.

FIN DEL EPISODIO 08 — REGISTRO

ZERO RISING

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