TEMPORADA 1 — EL DESPERTAR

ARCO III — LOS ALTERADOS

EPISODIO 18

Chispa

11 min de lectura

La rama volvió a inclinarse.

Esta vez, más cerca.

Nadie se movió.

Daniel mantenía las manos cerradas alrededor de las empuñaduras.

Una hoja a cada lado.

Delante de él, los cuatro cánidos permanecían inmóviles.

Ya no enseñaban los dientes.

Ya no gruñían.

Miraban hacia el bosque.

Serrano seguía en el suelo, una mano presionando su pierna y la otra aferrada al A.R.E.

—No os mováis.

Algo pasó entre dos árboles.

Grande.

Demasiado rápido para distinguirlo.

Una chispa saltó entre los dedos de Xenya.

—Xenya —dijo Vega.

Ella no respondió.

—No.

Xenya apretó la mandíbula.

La electricidad desapareció.

Melisa seguía junto a Serrano.

—Necesito moverlo.

—Espera.

—Está sangrando.

—Lo sé.

Melisa sostuvo la mirada de Vega un instante y volvió a la herida.

—¿Notas los dedos?

Serrano movió ligeramente el pie.

El dolor apareció inmediatamente en su rostro.

—Sí.

—Bien.

—No parece muy bien.

—Créeme. Ahora mismo lo es.

Las manos de Melisa permanecían firmes mientras trabajaba. Solo cuando buscó otra venda le temblaron los dedos.

La agarró.

Continuó.

Otro crujido.

Iskander adelantó el escudo.

Alyra extendió una mano. Una pequeña cantidad de agua emergió de su A.R.E. y permaneció suspendida junto a ella.

—Cuando diga atrás —ordenó Vega—, retrocedemos hacia E-47.

Serrano negó.

—No puedo.

Iskander se colocó a su lado y pasó el escudo a la otra mano.

—Entonces no caminarás.

—Con una mano no vas a cubrirnos.

—Sí voy a cubrir.

—No sabes cuánto peso.

—Ahora mismo tampoco me importa.

Serrano lo observó.

Asintió.

Uno de los cánidos retrocedió.

Después otro.

No huyeron.

Se apartaron.

Alyra frunció el ceño.

El tercero abrió espacio.

El cuarto hizo lo mismo.

Y entonces apareció.

◆

Primero una pata.

Después el hocico.

Luego el cuerpo.

Era una cánida.

Pero no como las demás.

Más grande.

Más pesada.

Su pelaje presentaba zonas irregulares alteradas por el Éter. Una cicatriz antigua descendía por uno de sus costados.

No parecía enferma.

No parecía deforme.

Parecía hecha para seguir viva.

Salió completamente de entre los árboles.

Los otros cuatro bajaron ligeramente la cabeza.

Xenya susurró:

—Joder...

La Alfa observó a Vega.

Después a Serrano.

Su mirada descendió hasta la pierna herida.

Serrano apretó el A.R.E.

—Me ha visto.

Alyra no apartó los ojos de ella.

—Nos lleva viendo desde antes.

La Alfa avanzó.

—Atrás —ordenó Vega.

Iskander agarró a Serrano. Alyra sostuvo el otro lado.

Daniel permaneció junto a Melisa.

Xenya cubrió el lateral.

Retrocedieron.

La manada avanzó con ellos.

—No corráis. No les deis la espalda.

E-47 estaba cada vez más cerca.

Iskander respiraba con dificultad.

El escudo seguía delante.

—Déjame —murmuró Serrano.

—No.

—Te estoy frenando.

—Sí.

Serrano lo miró.

—Entonces déjame.

Iskander mantuvo la vista al frente.

—No.

Serrano no insistió.

La Alfa se detuvo.

Los demás también.

Una de sus orejas se movió.

Un cánido salió disparado.

—¡DERECHA! —gritó Alyra.

Una ráfaga de Vega lo golpeó lateralmente antes de que alcanzara al grupo.

El segundo entró desde la izquierda.

Serrano levantó el A.R.E.

Fuego.

El animal frenó.

Un tercero comenzó a rodearlos.

—¡Nos cierra el camino! —gritó Melisa.

—¡E-47! ¡YA!

Corrieron.

◆

Iskander prácticamente cargó con Serrano durante los últimos metros.

Melisa cruzó.

Daniel.

Xenya.

Vega fue la última.

Un cánido saltó hacia ella.

Vega ni siquiera retrocedió.

Un movimiento del A.R.E.

Una ráfaga breve y precisa.

El animal cambió de trayectoria en pleno salto y se estrelló contra el terreno.

—Dentro.

Daniel cerró la puerta.

CLANG.

Otro cánido chocó contra la valla.

Melisa ya estaba arrodillada junto a Serrano.

—Siéntate.

—Estoy bien.

—Siéntate.

—Melisa...

—Si quieres desmayarte y abrirte la cabeza, hazlo cuando yo no sea responsable.

Serrano la miró.

Se sentó.

Xenya soltó una risa breve.

Melisa ni siquiera levantó la cabeza.

—Tú tampoco me ayudes.

Fuera, la Alfa llegó al perímetro.

No atacó.

Vega activó el enlace.

—E-47 a central. Solicito apoyo inmediato. Operador herido. Cinco Alterados confirmados. Comportamiento coordinado. Un ejemplar de mayor tamaño.

Estática.

—Central, ¿recibís?

Una voz fragmentada respondió.

—...E-47... recibido... apoyo...

Melisa comprobó el sistema.

—La transmisión vuelve a ser inestable.

El técnico se acercó.

—La habíamos estabilizado.

—Ya no.

Daniel miró las cámaras.

Los cánidos se separaban.

Uno frente a la entrada.

Dos hacia los laterales.

Otro desapareció entre los árboles.

La Alfa permaneció atrás.

Alyra observó las imágenes.

—No están entrando.

Xenya se colocó a su lado.

—Mejor.

Alyra negó.

—No he dicho eso.

◆

Un golpe sacudió la valla.

CLANG.

Otro respondió desde el lateral contrario.

Xenya desenvainó ambas dagas.

Vega le cerró el paso.

—No.

—Podemos sacarlos de uno en uno.

—Estamos esperando apoyo.

—Y ellos están esperando fuera.

Alyra habló desde las cámaras.

—Ya te han visto moverte.

Xenya giró hacia ella.

—¿Y?

—Antes intentaban alcanzarte.

Alyra siguió las imágenes.

—Ahora mantienen la distancia.

—Porque no pueden seguirme.

—Puede ser.

Xenya esperó.

Alyra no añadió nada.

No hacía falta.

◆

—...apoyo en nueve minutos...

Melisa tomó el comunicador.

—Central, confirmad nueve minutos.

Estática.

—...confirmado...

La luz parpadeó.

Una vez.

Dos.

El técnico giró hacia el panel.

—No.

Un golpe metálico sonó fuera.

Melisa encontró la cámara.

Uno de los cánidos golpeaba la protección exterior del sistema eléctrico.

Retrocedió.

Volvió a golpear.

CRACK.

—¿Puede romperla? —preguntó Daniel.

—Sí.

Xenya ya estaba junto a la puerta.

Otro golpe.

La luz parpadeó.

—Si perdemos el sistema, perdemos el enlace.

—Ya conocen nuestra posición —dijo Vega.

—Pero nosotros dejamos de saber cuándo llegan.

CRACK.

Parte de la protección cedió.

Xenya miró a Vega.

No había sonrisa.

—Puedo hacerlo.

—No sola.

—Entonces ven conmigo.

Vega la estudió.

Xenya miró a Serrano.

A Melisa.

A los demás.

—No quiero demostrar nada.

Volvió hacia Vega.

—Quiero que salgamos todos de aquí.

Silencio.

—Treinta segundos.

Xenya asintió.

—Treinta.

—Si digo atrás, vuelves. Aunque puedas alcanzarlo.

Xenya tardó un instante.

—Sí.

Vega abrió.

◆

Xenya salió caminando.

El cánido levantó la cabeza.

Una chispa recorrió su antebrazo.

CRACK.

Después otra.

La primera daga respondió.

La segunda también.

Xenya continuó.

Sin correr.

El cánido retrocedió.

Entonces la Alfa apareció entre los árboles.

Xenya se detuvo.

Otra descarga recorrió sus brazos.

Esta vez no desapareció.

Pequeños arcos eléctricos saltaron entre la ropa y las empuñaduras.

CRACK.

CRACK.

Algunos mechones comenzaron a elevarse alrededor de su rostro.

Después otros.

Su pelo onduló suavemente.

No había viento.

Las chispas recorrieron los filos de ambas dagas.

La Alfa avanzó.

Xenya no retrocedió.

Se colocó en medio.

Entre ella...

y E-47.

—Xenya —dijo Vega.

No contestó.

Daniel observó su perfil.

No sonreía.

Tenía miedo.

Podía verlo en su respiración.

En la mano que temblaba alrededor de una de las dagas.

Xenya también supo que él lo había visto.

No intentó ocultarlo.

—Daniel.

—¿Qué?

—Quédate con Melisa.

—Xenya...

—Hazlo.

La Alfa bajó ligeramente el cuerpo.

Otra descarga atravesó a Xenya.

Su pelo se elevó un poco más.

—Xenya, vuelve —ordenó Vega.

Ella negó.

—Si viene...

Una chispa saltó entre las dos dagas.

—...me encuentra a mí primero.

Xenya se interpone entre la Alfa y E-47 mientras la electricidad recorre sus dagas.

La Alfa arrancó.

Xenya desapareció.

◆

Daniel oyó el impacto antes de localizarla.

Una descarga iluminó el claro.

Xenya apareció a la derecha de la Alfa.

Daga.

Giro.

Segunda daga.

La Alfa reaccionó.

Tarde.

Xenya ya estaba detrás.

Otro corte.

El animal giró.

Ella había desaparecido.

Daniel intentó seguirla.

No pudo.

Veía dónde había estado.

Después dónde estaba.

No el recorrido.

Xenya apoyó una bota contra un tronco.

Impulso.

Giro.

Una daga descendió.

La Alfa la esquivó.

La segunda rozó su costado.

CRACK.

El animal retrocedió.

Serrano levantó la cabeza.

—Vega...

Ella no respondió.

Xenya volvió a entrar.

La Alfa lanzó una dentellada.

Vacío.

Xenya apareció al otro lado.

Iskander bajó involuntariamente el escudo unos centímetros.

—No puedo seguirla.

Serrano miró a Vega.

—¿La habías visto así?

—No.

—¿Es normal para Voltris?

Vega tardó en responder.

—No así.

Xenya atacó de nuevo.

La descarga obligó a la Alfa a retroceder.

Xenya aterrizó con una rodilla en tierra.

Chispas recorrían sus hombros.

El pelo seguía elevado alrededor del rostro.

Respiraba demasiado rápido.

Se puso en pie.

La Alfa también.

Xenya sonrió.

No había burla.

—Vamos.

La Alfa no atacó.

Dio un paso lateral.

Xenya corrigió.

Otro.

Volvió a hacerlo.

Alyra entrecerró los ojos.

La Alfa avanzó medio paso.

Xenya cargó el pie derecho.

El animal se detuvo.

—Xenya.

Ella no respondió.

Otro desplazamiento.

Xenya corrigió.

El pie derecho volvió a cargarse.

Alyra se inclinó hacia delante.

—Xenya, el pie.

—¿Qué?

La Alfa volvió a moverse.

Xenya preparó el impulso.

Derecho.

Alyra abrió los ojos.

—¡EL PIE!

Xenya salió.

La Alfa giró antes.

La pata la encontró al aparecer.

El impacto la lanzó varios metros.

—¡XENYA!

Daniel avanzó.

—¡NO! —ordenó Vega.

Xenya rodó y clavó una daga en tierra para detenerse.

Sangre en el labio.

La Alfa corrió hacia ella.

Electricidad.

Xenya desapareció.

Las mandíbulas se cerraron sobre tierra.

Reapareció varios metros más allá.

Respiró.

La Alfa miró sus piernas.

Xenya siguió aquella mirada.

Después miró su propio pie.

Entendió.

Se limpió la sangre con el dorso de la mano.

—Vale.

Levantó las dagas.

—Esa era nueva.

Un segundo cánido apareció por su izquierda.

Otro por la derecha.

No iban hacia ella.

Iban hacia E-47.

La expresión de Xenya cambió.

—No.

Miró a la Alfa.

Después a los dos cánidos.

Tuvo que elegir.

No tardó ni un segundo.

Se dio la vuelta.

Corrió hacia los demás.

◆

El primer cánido saltó.

Iskander se interpuso.

CLANG.

El escudo recibió el impacto.

Un paso atrás.

Otro.

—¡ISKA! —gritó Xenya.

—¡ESTOY BIEN!

El animal volvió a golpear.

CLANG.

Iskander aguantó.

Cuando el cánido retrocedió, abrió y cerró la mano que sujetaba el escudo.

Nada.

Volvió a hacerlo.

Los dedos respondieron tarde.

Iskander miró su propia mano.

Solo un instante.

El cánido cargó otra vez.

Iskander cerró los dedos alrededor de la empuñadura.

—Vale.

Le temblaba el brazo.

No bajó el escudo.

Alyra miró al segundo animal.

No lanzó el agua.

Esperó.

El cánido amagó hacia Daniel.

Cambió.

Iskander.

Cambió otra vez.

Alyra siguió sus patas.

Dos pasos.

Tres.

Entonces movió la mano.

El agua cayó sobre un punto vacío del terreno.

Xenya la miró.

—¿Qué haces?

—Espera.

El cánido arrancó.

Daniel preparó las hojas.

—¡No! —gritó Alyra—. ¡Déjalo!

—¿Qué?

El animal cambió de dirección.

Pisó exactamente donde Alyra había dejado el agua.

—Ahora.

Iskander golpeó el suelo.

Hielo.

Las patas delanteras del cánido perdieron apoyo.

El animal cayó de costado.

Daniel lo entendió.

Entró.

Una hoja desvió las garras.

La otra golpeó el costado.

El animal consiguió incorporarse.

Una descarga lo alcanzó lateralmente.

Xenya.

Daga.

Giro.

Segunda daga.

El cánido retrocedió.

Xenya apareció delante de Daniel.

—Te dije que te quedaras con Melisa.

—Tú tampoco haces mucho caso.

—Ya.

Daniel miró hacia Alyra.

—¿Sabías que iba a pisar ahí?

Alyra seguía observando al animal.

—No.

Una pausa.

—Pero sabía dónde quería que pisara.

El cánido amagó con volver.

Vega levantó su A.R.E.

Una sola ráfaga.

Precisa.

Lo obligó a retroceder sin que nadie más tuviera que moverse.

—Menos conversación —dijo.

◆

Durante los siguientes segundos, dejaron de pelear como individuos.

Vega controlaba las entradas.

Serrano cubría desde dentro.

Iskander bloqueaba.

Alyra preparaba el terreno.

Daniel cerraba huecos.

Xenya aparecía donde faltaba alguien.

Y Melisa observaba.

El escuadrón coordina su defensa frente a la Alfa y los cuatro cánidos alterados.

—¡Iskander, izquierda!

Impacto.

—¡Alyra, detrás de Daniel!

Agua.

Daniel giró.

—¡Xenya, para!

Xenya frenó.

Unas garras atravesaron el lugar al que estaba a punto de entrar.

Miró hacia Melisa.

—¿Cómo...?

Melisa señaló el lateral.

—¡Ahora, derecha!

Xenya desapareció.

Descarga.

Impacto.

Daniel retrocedió hasta Melisa.

—¿Cómo sabes dónde van?

—No lo sé.

—Pues lo parece.

Melisa respiraba rápido.

—No miro al que está atacando.

Daniel esperó.

—Miro al que todavía no lo ha hecho.

Otro cánido comenzó a moverse.

Melisa ya estaba señalando.

—¡Iskander, dos pasos atrás!

—¡Tengo a Daniel detrás!

—¡Ya no!

Iskander miró.

Daniel se había apartado.

Retrocedió.

El animal entró demasiado.

Alyra cerró agua alrededor de una pata.

Iskander golpeó.

Hielo.

Durante un instante quedó inmovilizado.

Xenya apareció.

El cánido consiguió soltarse.

Huyó.

Xenya dio un paso tras él.

Después otro.

Se detuvo sola.

Vega la vio.

Asintió una vez.

Xenya respondió igual.

◆

La Alfa avanzó.

Los demás se retiraron.

Nadie celebró.

Xenya respiraba con dificultad.

Una pequeña descarga recorrió una daga.

Desapareció.

Volvió.

Más débil.

Aun así avanzó.

Daniel la miró.

—Xenya.

—Estoy bien.

—Eso ha sonado exactamente igual que Iskander.

—Entonces será verdad.

Iskander abrió y cerró otra vez los dedos entumecidos.

—Estaba mintiendo.

Xenya lo miró.

—Pues yo también.

Por primera vez desde que apareció la Alfa, Iskander sonrió.

Duró poco.

La cánida observó al grupo.

Su mirada pasó de uno a otro.

Se detuvo en Xenya.

Ella levantó las dagas.

Agotada.

Herida.

Todavía delante.

—Sigo aquí.

La Alfa giró la cabeza.

Hacia el camino.

A lo lejos...

un motor.

Melisa tomó el comunicador.

—El apoyo.

Los cánidos comenzaron a dispersarse.

No alejándose del sonido.

Acercándose.

Alyra palideció.

—No...

Vega agarró el comunicador.

—Central, abortad aproximación a E-47.

Estática.

—Repito. Abortad aproximación.

Nada.

El motor se acercaba.

—¡CENTRAL, ABORTAD APROXIMACIÓN!

Estática.

La Alfa caminó hacia los árboles.

Xenya avanzó.

Vega la sujetó del brazo.

—No.

—Van a por ellos.

—Lo sé.

—Entonces suéltame.

—No sabemos cuántos hay ahí fuera.

Xenya intentó apartar el brazo.

—¡Van a por ellos!

Su voz se quebró.

No por rabia.

Xenya miró hacia el camino.

Las chispas todavía recorrían sus brazos.

Pequeñas.

Irregulares.

Su pelo comenzaba a caer alrededor del rostro.

—Van a por ellos...

Vega mantuvo la mano sobre su brazo.

—Y si sales sola, también te perderemos a ti.

Xenya apretó los dientes.

—No puedo quedarme aquí.

Daniel la observó.

—No puedo escuchar cómo les pasa algo sabiendo que puedo llegar.

Vega la soltó.

—Entonces no vas sola.

Iskander ajustó el escudo.

Los dedos tardaron en cerrarse.

Lo hizo igualmente.

Alyra reunió el agua.

Daniel preparó las dos hojas.

Melisa agarró el comunicador.

Serrano intentó ponerse en pie.

La pierna cedió.

Iskander lo sujetó antes de que cayera.

—¡Mierda!

Melisa se arrodilló frente a Serrano.

—Nosotros nos quedamos.

—No.

—No puedes caminar.

—Melisa...

—Y alguien tiene que mantener abierto el enlace.

Serrano miró hacia el camino.

Después a Vega.

Ella asintió.

Serrano cerró los ojos un instante.

Cuando volvió a abrirlos:

—Traedlos aquí.

Vega se volvió.

—Daniel. Alyra. Iskander. Xenya.

Los cuatro la miraron.

—Nadie se separa.

Xenya observó el bosque.

La Alfa había desaparecido.

Solo quedaban árboles.

Y el sonido de un motor.

Vega abrió la puerta.

—Vamos.

Xenya fue la primera en salir.

Dio tres pasos.

Se detuvo.

Miró atrás.

Daniel salió.

Después Alyra.

Iskander.

Vega.

Xenya esperó hasta verlos a todos.

Entonces se giró.

Las últimas chispas recorrieron sus dagas.

Y corrió.

Con ellos.

◆

CORTE A NEGRO.

FIN DEL EPISODIO 18 — CHISPA

FIN DEL EPISODIO 18 — CHISPA

ZERO RISING

TU LECTURA

Confirma que has terminado para actualizar tu progreso y descubrir los registros de este episodio.

¿TE HA GUSTADO ESTE EPISODIO?

Las reacciones todavía no están disponibles.

EXPLORAR UNIVERSO

EXPLORA EL UNIVERSO

← VOLVER A EPISODIOSPRIVACIDAD