TEMPORADA 1 — EL DESPERTAR

ARCO II — CERO

EPISODIO 13

Comienzo

12 min de lectura

El recinto era mucho más grande de lo que Daniel había imaginado.

Desde fuera parecía otro de los complejos que la A.E.E. había ocupado y adaptado durante las últimas semanas.

Por dentro era otra cosa.

Pasillos.

Controles de acceso.

Personal entrando y saliendo.

Pantallas suspendidas sobre corredores que parecían no terminar nunca.

Y gente.

Mucha gente.

Daniel se detuvo apenas cruzó el control principal.

Sobre sus cabezas, siete símbolos ocupaban una pantalla enorme.

AE-01 — AERIS

AU-02 — AUREL

SE-03 — SERPENTIA

IG-04 — IGNIS

NE-05 — NEREA

SY-06 — SYLVAR

VO-07 — VOLTRIS

Lina se colocó a su lado.

—Han ido a lo grande.

Daniel miró hacia arriba.

—Hace un mes no sabían qué estaba pasando.

—Ahora tampoco.

Daniel la miró.

Lina sonrió.

—Pero tienen carteles.

—Eso siempre ayuda.

Una voz surgió de los altavoces.

—Los asistentes con orientación confirmada deberán dirigirse exclusivamente al sector correspondiente a su afinidad. La asignación de Casa está determinada por el patrón registrado durante la evaluación. La incorporación a sus programas de formación y servicio continúa siendo voluntaria.

La multitud comenzó a dividirse.

Daniel observó cómo cientos de personas tomaban caminos diferentes.

No elegían una Casa.

Eso ya lo había decidido aquello que había despertado en ellos.

Lo que todavía podían elegir era qué hacer con ello.

Una de las pantallas cambió.

AE-01 — AERIS

Una flecha señaló el corredor de la izquierda.

Lina levantó su documentación.

—Me toca.

Daniel observó el enorme pasillo.

—Pues nada.

—¿Pues nada qué?

—A aprender a despeinar profesionalmente a la gente.

Lina le dio un pequeño golpe en el brazo.

Daniel hizo una mueca.

Ella retiró la mano inmediatamente.

—Perdón.

—Estoy bien.

Lina lo miró.

Daniel levantó una mano.

—Esta vez de verdad.

No parecía convencida.

—¡Lina!

Ambos giraron la cabeza.

Nair avanzaba entre la gente.

—Sabía que te encontraría por aquí.

Lina señaló el símbolo de Aeris.

—No había muchas opciones.

Nair miró a Daniel.

—¿Y tú?

Daniel levantó su documentación.

En lugar de un código de Casa, solo aparecían unas palabras.

ORIENTACIÓN GENERAL

—Turismo.

Nair soltó una risa.

Lina no.

—Dani...

—Ve.

—Pero...

—Lina.

Ella guardó silencio.

Daniel señaló Aeris con la cabeza.

—Es tuyo.

Lina miró el corredor.

Después volvió a mirarlo.

—¿Seguro?

—Sí.

Dio dos pasos.

Regresó.

Lo abrazó rápidamente.

—No hagas ninguna estupidez.

Daniel arqueó una ceja.

—Voy a una orientación.

—Contigo nunca se sabe.

Se separó.

Nair levantó una mano.

—Intentaré que no salga volando.

—Gracias.

—Oye.

Lina lo empujó hacia el corredor.

Daniel sonrió mientras los veía marcharse.

Entre las personas que avanzaban hacia el mismo sector distinguió a una chica joven.

Arisha.

Llevaba documentación AE-01.

Aeris.

No conocía a Daniel.

Daniel tampoco la conocía a ella.

Pasó junto a él sin detenerse.

Daniel bajó la mirada hacia su propia hoja.

VÍAS DE INCORPORACIÓN SIN AFINIDAD RECONOCIDA

Debajo había una flecha.

La siguió.

◆

El pabellón de Aeris estaba prácticamente lleno.

Lina y Nair encontraron sitio entre decenas de filas.

Arisha se encontraba algo más adelante.

En el centro del recinto esperaba una mujer.

Chaqueta oscura.

Símbolo de Aeris sobre el pecho.

No parecía militar.

Tampoco llevaba bata.

Esperó hasta que las últimas conversaciones desaparecieron.

—Si estáis aquí, la A.E.E. ha identificado en vosotros el mismo patrón general.

Miró las gradas.

—Eso no significa que sepáis utilizarlo.

Algunas personas sonrieron.

—Tampoco significa que seáis iguales.

La mujer levantó una mano.

Una corriente recorrió el pabellón.

Cientos de hojas se elevaron unos centímetros.

Lina sujetó instintivamente la suya.

No hizo falta.

Ningún papel salió disparado.

La corriente giró.

Se dividió.

Cambió de dirección.

Y las hojas descendieron prácticamente en el mismo lugar del que habían salido.

Silencio.

La mujer bajó la mano.

—El viento no consiste en empujar más fuerte.

La pantalla situada detrás de ella se iluminó.

CASA AERIS

FORMACIÓN INICIAL

—Si habéis venido a aprender eso...

La mujer observó a todos.

—Empezaremos por enseñaros a olvidarlo.

Lina miró a Nair.

Él había dejado de sonreír.

Arisha tampoco apartaba los ojos del centro.

◆

En otros sectores del complejo, las primeras orientaciones ya habían comenzado.

IG-04 — IGNIS

Ander observaba al responsable de su Casa desde detrás de una línea de seguridad.

—Control antes que potencia —dijo el hombre—. Siempre.

Ander descruzó lentamente los brazos.

◆

NE-05 — NEREA

Frente a Armando, una masa de agua ascendió dentro de una estructura transparente.

Se dividió.

Volvió a unirse.

—No estamos aquí para descubrir cuánto podéis mover.

Armando recordó unas botellas.

Una calle.

Darian.

Daniel.

—Estamos aquí para descubrir cuánto podéis controlar.

Armando levantó la mirada.

◆

Daniel continuó caminando.

INVESTIGACIÓN

SANIDAD

INGENIERÍA Y TECNOLOGÍA

LOGÍSTICA

COMUNICACIONES

ANÁLISIS

No había símbolos de Casas en aquellos corredores.

Había médicos.

Técnicos.

Personal administrativo.

Investigadores.

Operadores.

Personas que iban demasiado deprisa como para detenerse.

Daniel siguió las flechas.

Hasta encontrar:

RESPUESTA Y RESCATE

Y debajo:

APOYO OPERATIVO

Entró.

◆

Esperaba encontrar una sala con unas cuantas sillas.

Encontró otro pabellón.

Había alrededor de cuarenta personas.

Ninguna llevaba el emblema de una Casa.

Daniel escogió un asiento.

Una mujer de la A.E.E. se situó frente al grupo.

—Buenos días.

Las conversaciones desaparecieron.

—Si estáis aquí, habéis solicitado información sobre las vías de incorporación operativa de la Agencia.

La pantalla se iluminó.

UNIDAD DE APOYO OPERATIVO

Debajo aparecieron tres letras.

U.A.O.

—Antes de continuar quiero dejar una cosa clara.

La mujer recorrió la sala con la mirada.

—Esto no es una octava Casa.

Daniel levantó ligeramente la cabeza.

—No vais a recibir una afinidad por estar aquí. Tampoco vais a competir con quienes sí la tienen.

La pantalla cambió.

Apareció una fotografía.

Un equipo de intervención.

Dos personas mostraban identificación de afinidad.

Otras no.

—Las operaciones de campo necesitan más que capacidad etérica.

Otra imagen.

Una evacuación.

—Necesitan coordinación.

Otra.

Un herido siendo atendido.

—Primeros auxilios.

Otra.

Personal hablando por radio mientras un grupo abandonaba un edificio.

—Comunicaciones.

Otra.

Un vehículo de la A.E.E. alejándose de una zona acordonada.

—Extracción.

La mujer se apartó de la pantalla.

—Habrá situaciones en las que un Despierto pueda hacer algo que vosotros no podéis.

Pausa.

—Y habrá situaciones en las que vosotros tendréis que hacer algo que él no puede hacer.

Daniel permaneció inmóvil.

—La U.A.O. no existe para demostrar que alguien sin afinidad vale tanto como alguien que la tiene.

La pantalla quedó negra.

—Existe porque una operación necesita que cada persona sepa qué hacer.

Daniel bajó la mirada hacia sus manos.

Aquella frase permaneció allí.

Sepa qué hacer.

Clara bajo los escombros.

El animal.

Flora.

Lina.

Armando.

Darian.

Daniel siempre había llegado.

Ese nunca había sido el problema.

El problema empezaba después.

◆

La puerta se abrió.

Tres personas entraron con retraso.

Daniel apenas las miró.

Hasta que una de ellas se detuvo.

Él también.

Tardó un instante en reconocerla.

Una calle.

Un teléfono arrebatado.

Un grupo alrededor.

Armando.

Darian.

Aquella palabra.

Inerte.

Era ella.

La chica lo reconoció prácticamente al mismo tiempo.

Ninguno dijo nada.

—Podéis sentaros —indicó la responsable.

La chica buscó sitio.

Solo quedaba una silla libre en aquella fila.

A la derecha de Daniel.

Se acercó.

—¿Está ocupado?

—No.

Se sentó.

La presentación continuó.

Pasaron unos minutos.

—Tú eres Daniel.

Daniel giró la cabeza.

—Sí.

—El de aquel día.

—Sí.

Silencio.

Daniel dudó.

—¿Estás bien?

Ella miró al frente.

—Sí.

Un instante.

—Ahora sí.

Daniel asintió.

No preguntó más.

La chica jugueteó con la esquina de su documentación.

—Después de aquel día, lo peor no fue que me llamaran Inerte.

Daniel la miró.

Ella tardó unos segundos en continuar.

—Fue empezar a creer que tenían razón.

Daniel guardó silencio.

—Cuando pasó todo aquello...

Bajó la mirada hacia sus manos.

—No pude hacer nada.

—No fue culpa tuya.

—Ya.

No había enfado en su respuesta.

Solo certeza.

—Pero eso no significa que quiera volver a sentirme así.

Daniel entendió perfectamente.

La chica señaló discretamente la pantalla de la U.A.O.

—Si alguna vez vuelve a pasar algo...

Pausa.

—Quiero saber qué hacer.

Daniel volvió la mirada al frente.

La misma frase.

Otra vez.

Ella lo observó.

—¿Y tú?

Daniel tardó un momento.

—Más o menos lo mismo.

La chica extendió la mano.

—Melisa.

Daniel la estrechó.

—Daniel.

Melisa arqueó una ceja.

—Eso ya lo sabía.

Daniel se quedó quieto.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Daniel.

—Nada.

◆

El siguiente espacio estaba separado por cristal reforzado.

Dos técnicos esperaban junto a una mesa.

Sobre ella había un maletín.

La responsable de la U.A.O. se detuvo.

—Antes de pasar a la parte práctica hay algo que debéis conocer.

Uno de los técnicos abrió el maletín.

Solo parcialmente.

Daniel alcanzó a distinguir una estructura oscura en su interior.

Nada más.

Excepto una pequeña pieza mineral integrada en ella.

La reconoció.

Fragmentos.

La Caída.

—Parte de los materiales recuperados después de La Caída mantienen propiedades de interacción con el Éter incluso después de ser procesados.

En la pantalla apareció:

PROGRAMA A.R.E.

ARMAMENTO DE RESONANCIA ETÉRICA

El ambiente cambió.

Varias personas intentaron ver mejor el contenido del maletín.

Daniel también.

—¿Eso es un arma? —preguntó alguien.

La responsable miró al técnico.

Este cerró el maletín.

CLAC.

—Es algo que todavía no estáis autorizados a utilizar.

La pantalla cambió.

COMPATIBILIDAD

FORMACIÓN

AUTORIZACIÓN

—La tecnología A.R.E. continúa restringida a personal específicamente formado y compatible. No todos responden de la misma manera a los materiales utilizados en su fabricación.

Daniel miró el maletín cerrado.

—Si alguno ha venido pensando que recibirá uno por entrar en la U.A.O., puede olvidarse de esa idea.

Algunas expresiones cambiaron.

—Primero aprenderéis a mantener con vida a alguien sin uno.

La responsable señaló la puerta siguiente.

—Vamos.

El grupo comenzó a caminar.

Melisa se colocó junto a Daniel.

—Estabas intentando verlo.

—No.

—Sí.

—Estaba escuchando.

Melisa lo miró.

—Claro.

Daniel negó con la cabeza.

Siguió caminando.

Y, antes de atravesar la puerta, volvió a mirar una vez hacia el maletín.

◆

No había Éter en la siguiente sala.

Ni fragmentos.

Ni armas.

Había una camilla.

Un maniquí.

Un botiquín.

Varias puertas.

Marcas en el suelo.

Y un cronómetro.

Daniel observó el escenario.

—Esto parece menos divertido.

—¿Esperabas disparar cosas hoy? —preguntó Melisa.

—No.

—Claro.

Daniel la miró.

—Empiezas a caerme mal.

—Llevamos diez minutos hablando.

—Has ido rápido.

Un instructor apareció frente al grupo.

—Esto no es una prueba de acceso.

Algunos relajaron los hombros.

—Hoy.

Volvieron a tensarlos.

—La selección incluirá evaluación médica, física y psicológica, primeros auxilios, protocolos de incidente, evacuación, coordinación y trabajo bajo presión.

Caminó hasta el maniquí.

—No buscamos héroes.

Daniel dejó de sonreír.

—Buscamos gente que sepa qué hacer.

Otra vez.

Aquellas palabras.

El instructor señaló a Daniel.

—Tú.

Daniel miró detrás.

—Sí. Tú.

—Perfecto.

Avanzó.

—Víctima inconsciente. No conoces la situación. Actúa.

Daniel miró el maniquí.

Entró.

—Muerto.

Daniel se detuvo.

—¿Qué?

El instructor señaló una marca roja junto a sus pies.

—No has comprobado el entorno.

Daniel miró hacia abajo.

—Has entrado en una zona insegura.

El instructor señaló el maniquí.

—Ahora tengo dos víctimas.

Algunas personas observaron a Daniel.

Daniel apretó la mandíbula.

—Otra vez.

El instructor arqueó una ceja.

—Adelante.

Daniel regresó.

Respiró.

Miró el entorno.

Comprobó.

Entró.

Se acercó al maniquí.

Evaluó.

—Muerto.

Daniel cerró los ojos un segundo.

—¿Ahora qué?

—No has comunicado tu entrada. Nadie sabe dónde estás.

Daniel asintió.

—Otra vez.

Tercera.

Comprobó el entorno.

Comunicó.

Entró.

Evaluó.

Pidió apoyo.

El instructor lo observó.

—Mejor.

Daniel esperó.

—¿Eso es todo?

—¿Esperabas un aplauso?

—Un poco.

Nada.

—Puedes retirarte.

Daniel volvió con el grupo.

No había destacado.

No había sido rápido.

No había hecho nada especialmente bien.

Había necesitado tres intentos para completar un ejercicio básico.

Melisa se colocó a su lado.

—Ha ido bien.

Daniel la miró.

—He muerto dos veces.

—Pero a la tercera...

El instructor señaló a Melisa.

—Tú.

Ella dejó de sonreír.

Daniel cruzó los brazos.

—Suerte.

Melisa entró.

Un minuto después:

—Muerta.

Daniel bajó la cabeza para ocultar la sonrisa.

Melisa lo señaló desde el escenario.

—Ni se te ocurra.

—No he dicho nada.

—Lo estás pensando.

—Un poco.

—Otra vez —dijo Melisa.

El instructor la miró.

Daniel dejó de sonreír.

Ella volvió al principio.

Y lo intentó de nuevo.

◆

Cuando terminó la jornada, Daniel estaba cansado.

Más de lo que esperaba.

Y aquello ni siquiera había sido entrenamiento.

Habían realizado ejercicios básicos.

Había personas que lo habían hecho mejor.

Una mujer había completado prácticamente todo a la primera.

Otro chico había obtenido mejores tiempos.

Melisa había cometido errores diferentes a los suyos.

Daniel no había sido el mejor en nada.

Extrañamente...

eso no le molestaba.

Por primera vez desde que aparecieron los números, estar por debajo de alguien no significaba que una máquina hubiera decidido dónde terminaba.

Significaba que tenía algo que aprender.

Y eso podía cambiar.

◆

Las puertas de los distintos sectores comenzaron a abrirse.

El complejo volvió a llenarse.

Aeris.

Ignis.

Nerea.

Personas hablando de lo que habían visto.

De lo que les habían explicado.

De lo que querían hacer.

Daniel sacó el teléfono.

Tenía un mensaje.

LINA: ¿Dónde estás?

Respondió.

DANIEL: Vivo.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

LINA: NO ERA LA PREGUNTA.

Daniel sonrió.

DANIEL: Salida norte.

Guardó el móvil.

—¿Vuelves?

Melisa estaba a pocos metros.

Sostenía la documentación de la U.A.O.

Daniel miró la suya.

—Todavía tenemos que pasar las pruebas.

—No he preguntado eso.

Daniel levantó la mirada.

Melisa esperaba.

—Sí.

Ella asintió.

—Yo también.

No hubo abrazo.

Ni promesas.

Ni nada más.

Melisa levantó una mano a modo de despedida.

—Nos vemos, Daniel.

—Nos vemos.

Ella se perdió entre la gente.

Daniel continuó hacia la salida.

No vio a Clara.

No sabía que ella también había estado en aquel enorme recinto.

En otro sector.

Entre cientos de personas.

Sus caminos todavía no se cruzaron.

◆

Una puerta lateral se abrió.

Daniel se detuvo.

Cuatro personas salieron.

Dos llevaban identificaciones de afinidad.

AERIS.

NEREA.

Las otras dos no tenían ningún símbolo de Casa.

Vestían uniformes oscuros.

En uno de sus hombros podía leerse:

U.A.O.

Uno llevaba material médico.

El otro hablaba por radio.

Los cuatro avanzaron juntos.

Daniel los observó.

No había nadie delante.

Nadie detrás.

No parecían Despiertos acompañados por ayudantes.

Parecían un equipo.

Daniel bajó la mirada hacia su documentación.

UNIDAD DE APOYO OPERATIVO

Debajo:

SOLICITUD DE ACCESO AL PROCESO DE SELECCIÓN

Daniel abrió el formulario en su teléfono.

Leyó las condiciones.

Evaluación médica.

Evaluación física.

Primeros auxilios.

Protocolos.

Coordinación.

Formación.

Nada garantizaba que fuera a superarlo.

Daniel llegó al final.

Dos opciones.

CANCELAR

CONFIRMAR

Se quedó quieto.

Durante semanas había esperado otra cosa.

Una corrección.

Un error.

Una segunda prueba que dijera que la primera estaba equivocada.

Una máquina que finalmente encontrara algo.

Volvió a verlo.

RESERVA: 0

FLUJO: 0

CONTROL: 0

SINCRONÍA: 0

Cuatro números.

Habían pesado demasiado.

Daniel recordó el suelo.

Darian.

Su cuerpo negándose a levantarse.

La voz de Lina.

¿Quién te protege a ti?

Armando.

Vi a alguien que seguía levantándose aunque todos esperaban que se quedara en el suelo.

Y finalmente aquella frase.

No buscamos héroes.

Buscamos gente que sepa qué hacer.

Daniel miró CONFIRMAR.

Pulsó.

La pantalla cargó.

Un segundo.

Dos.

SOLICITUD REGISTRADA

Debajo apareció una nueva línea.

ASPIRANTE — U.A.O.

Daniel permaneció mirando la pantalla.

No era una afinidad.

No era una Casa.

Sus resultados seguían siendo los mismos.

0.

0.

0.

0.

Durante semanas había mirado aquellos números esperando que cambiaran.

Esta vez no necesitaba que lo hicieran.

Guardó el teléfono.

A lo lejos, Lina apareció buscándolo entre la multitud.

Daniel comenzó a caminar hacia ella.

Seguía empezando desde cero.

La diferencia era que ahora...

había empezado.

FIN DEL EPISODIO 13

FIN DEL ARCO II — CERO

FIN DEL EPISODIO 13 — COMIENZO

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