TEMPORADA 1 — EL DESPERTAR

ARCO III — LOS ALTERADOS

EPISODIO 21

Límite

14 min de lectura

—...pues aguanta.

La Alfa no se movió.

Iskander tampoco.

El escudo temblaba delante de él.

Su brazo también.

Daniel miró a su alrededor.

Un cánido a la izquierda.

Otro detrás.

Dos entre los árboles.

Otro más arriba, en el desnivel.

La Alfa al otro lado del cauce.

No había salida.

Vega levantó lentamente una mano.

—Nadie rompe formación.

Xenya apretó las dagas.

Electricidad recorrió sus antebrazos.

—Eso pensaba hacer.

—No te lo decía solo a ti.

—Pero un poco sí.

—Un poco sí.

Serrano soltó aire desde la camilla.

—Vega.

Ella lo miró.

—Cinco visibles.

Alyra negó.

—Cinco que vemos.

Vega asintió.

—Correcto.

Serrano levantó su A.R.E.

Una llama débil recorrió el arma.

—Yo cubro retaguardia.

Vega miró su pierna.

—Desde ahí.

—No pensaba ponerme a correr.

—Me alegra que por fin aprendamos algo.

Serrano sonrió.

—Mando compartido.

—Cuando dejes de poder disparar, mando yo.

—Qué conveniente.

—Muchísimo.

Daniel los observó.

Seguían haciendo bromas.

Los dos.

Aunque Serrano apenas podía ponerse de pie.

Aunque Vega respiraba demasiado rápido.

Aunque estaban rodeados.

Vega giró hacia ellos.

La expresión cambió.

—Escuchadme.

Todos callaron.

—Serrano y yo seguimos al mando de esta salida.

Miró uno por uno.

—Mientras podamos dar órdenes, las seguís.

Xenya iba a hablar.

Vega levantó un dedo.

—Especialmente tú.

Xenya cerró la boca.

—Vale.

Vega miró a Iskander.

—No tienes que detenerlos.

Iskander no bajó el escudo.

—Me alegra oírlo.

—Solo evita que lleguen al centro.

—Eso suena bastante parecido.

—Pues hazlo parecido.

Alyra se colocó detrás de él.

Agua alrededor de sus manos.

Melisa junto a los heridos.

Daniel adelantó ambas A.R.E.

Xenya bajó el cuerpo.

Serrano apuntó.

Vega respiró.

—Cuando entren...

La Alfa levantó la cabeza.

Los cánidos se movieron.

—...ahora.

◆

El primero entró por la derecha.

Xenya desapareció de la posición.

No.

Daniel corrigió lo que acababa de ver.

No había desaparecido.

Era rápida.

Demasiado.

Una línea de electricidad atravesó el cauce.

La primera daga golpeó.

La segunda descargó.

El cánido giró en el aire.

—¡Vuelve! —gritó Vega.

Xenya ya estaba regresando.

Otro animal entró desde la izquierda.

—¡Alyra!

Agua.

No mucha.

Una franja estrecha sobre la piedra.

El cánido pisó.

Resbaló.

—¡Iskander!

Escudo.

Impacto.

Iskander gruñó.

No cayó.

Daniel entró por el lateral.

Una hoja contra el hombro del animal.

La otra debajo del cuello.

No profundizó.

No tuvo tiempo.

—¡Fuera!

Daniel retrocedió.

Ignis pasó frente a él.

La llamarada de Serrano obligó al cánido a apartarse.

—¡Gracias!

—¡Luego!

Un tercero bajó desde el desnivel.

Vega giró.

Aeris.

El aire golpeó al animal antes de tocar tierra.

Su trayectoria cambió.

Cayó contra el cauce.

Xenya quiso entrar.

—¡No! —gritó Vega.

Xenya frenó.

Un segundo cánido apareció exactamente donde habría terminado su carrera.

Xenya lo vio.

Silencio.

—Vale.

Vega no la miró.

—De nada.

Los dos animales retrocedieron.

No huyeron.

Volvieron a rodearlos.

Daniel respiró.

Uno.

Dos.

Tres.

La Alfa seguía quieta.

Observando.

◆

—No está entrando —dijo Melisa.

Daniel la oyó detrás.

Vega también.

—Ya.

Melisa tenía una mano sobre el hombro del técnico y la otra junto al cuello de uno de los heridos.

—Los demás sí.

Alyra miró a la Alfa.

—Está mirando.

Xenya giró una daga.

—Pues que mire.

Iskander soltó aire.

—Preferiría que ayudara menos.

Daniel lo miró.

—¿Cómo estás?

—Deja de preguntarme eso.

—Entonces deja de parecer que vas a caerte.

—Trato hecho.

Iskander dio medio paso.

Su pierna falló.

Solo un instante.

Alyra lo sujetó por la espalda.

—Muy convincente.

—No ha contado.

—Ha contado.

Vega miró hacia el cauce.

—Cambiad.

Iskander frunció el ceño.

—¿Qué?

—Daniel delante.

—No.

—No era una votación.

Iskander la miró.

Vega señaló su brazo.

—Si sigues absorbiendo impactos, en cinco minutos no tendrás ninguno útil.

—Puedo aguantar.

—Ya lo sé.

Vega se acercó medio paso.

—Por eso sigues aquí.

Iskander apretó la mandíbula.

Finalmente retrocedió.

Daniel ocupó parte de su posición.

Iskander quedó ligeramente detrás.

—Si te comen —dijo Iskander—, quiero que conste que estaba en contra.

Daniel levantó ambas hojas.

—Anotado.

◆

El siguiente ataque no llegó desde delante.

Llegó desde arriba.

—¡DANIEL!

Xenya.

Daniel levantó las A.R.E.

Demasiado tarde.

El peso del cánido cayó sobre él.

Las dos hojas cruzadas frenaron las mandíbulas.

Daniel cayó de rodillas.

Dientes.

Saliva.

Ojos.

Empujó.

Nada.

El animal pesaba demasiado.

Una descarga atravesó su costado.

El cánido salió despedido.

Daniel cayó hacia atrás.

Xenya apareció junto a él.

—¿Entero?

—Creo.

—Mal momento para creer.

—Estoy aprendiendo.

Xenya extendió una mano.

Daniel la agarró.

Se levantó.

—Gracias.

—Luego.

Melisa los oyó.

—Eso es mío.

Xenya sonrió.

—Ya no.

Otro ataque.

No hubo tiempo.

◆

Alyra utilizó el agua.

Cada vez menos.

Ya no levantaba masas.

No las necesitaba.

Una pata.

Una piedra.

Una raíz.

Un apoyo.

Un cánido saltó.

Alyra movió apenas dos dedos.

El agua golpeó su pata trasera.

Tres centímetros.

Eso bastó.

El animal aterrizó mal.

Iskander entró con el escudo.

Impacto.

Daniel golpeó desde el otro lado.

Xenya esperó.

—¡Ahora! —gritó Alyra.

Electricidad.

El cánido retrocedió.

Alyra bajó la mano.

Respiraba por la boca.

Daniel la miró.

—¿Bien?

—No.

Una pausa.

—Pero todavía puedo.

Daniel asintió.

No preguntó más.

◆

La Alfa avanzó.

Un solo paso.

Los demás cánidos se detuvieron.

Daniel lo vio.

Xenya también.

—Vega.

—Lo sé.

La Alfa bajó al cauce.

Iskander levantó el escudo.

Vega extendió un brazo delante de él.

—No.

—¿No qué?

—No vas a recibir eso.

Iskander miró a la Alfa.

—Alguien tendrá que hacerlo.

—No.

Vega adelantó el A.R.E.

Aeris empezó a girar a su alrededor.

Hojas.

Polvo.

Agua superficial.

Xenya miró la corriente.

—Eso es bastante.

Vega no respondió.

La Alfa aceleró.

Aeris explotó.

El cauce entero pareció respirar.

La corriente golpeó frontalmente a la Alfa.

El animal frenó.

Las patas se hundieron en el barro.

Vega apretó los dientes.

Más.

La Alfa retrocedió medio metro.

Xenya abrió los ojos.

Serrano sonrió desde la camilla.

—Presumida.

Vega no pudo responder.

La Alfa clavó las patas.

Avanzó.

Contra el viento.

Un paso.

Vega aumentó la presión.

Sangre apareció en su nariz.

—¡Vega! —gritó Melisa.

—Estoy bien.

La Alfa dio otro paso.

Y saltó.

Vega cambió la corriente.

La trayectoria se desplazó.

No suficiente.

La Alfa pasó junto a ella.

Una garra golpeó.

Vega salió despedida.

—¡VEGA!

Cayó contra el lateral rocoso del cauce.

Un sonido seco.

Su cuerpo golpeó el suelo.

Aeris desapareció.

◆

Xenya fue la primera en moverse.

—¡Vega!

La Alfa aterrizó.

Daniel se interpuso.

Dos hojas.

La Alfa lo miró.

No atacó.

Todavía.

Melisa llegó hasta Vega.

—No te muevas.

Vega intentó incorporarse.

El dolor la dobló.

—Mierda.

Melisa pasó las manos por su costado.

Vega apartó una.

—Los demás.

—Cállate.

—Melisa.

—He dicho que te calles.

Vega respiró.

Dolor.

Melisa tocó la zona de las costillas.

Vega cerró los ojos.

—Ahí.

—Ya.

Melisa bajó hacia la pierna.

La rodilla estaba en una posición extraña.

No rota de forma evidente.

Pero inflamada.

Vega intentó apoyarla.

No pudo.

—No.

Vega miró hacia el combate.

—Necesito levantarme.

—No vas a hacerlo.

—Estoy al mando.

—Puedes mandar desde el suelo.

Serrano soltó una risa dolorida desde la camilla.

—Bienvenida.

Vega lo fulminó con la mirada.

—Ni una palabra.

—Mando compartido.

Melisa miró a ambos.

—Los dos sois insoportables.

Otro gruñido.

Vega miró inmediatamente al grupo.

Su voz cambió.

—Xenya, flanco derecho. Alyra con Iskander. Daniel centro.

Todos reaccionaron.

Sin preguntar.

Vega no podía combatir.

Seguía al mando.

◆

La Alfa miraba a Daniel.

Él lo notó.

No sabía por qué.

Se desplazó a la derecha.

Los ojos la siguieron.

A la izquierda.

Lo mismo.

Xenya también lo vio.

—Dani.

—Sí.

—Te está mirando.

—Ya.

—No me gusta.

—A mí tampoco.

La Alfa avanzó.

Daniel levantó ambas hojas.

Iskander se colocó a su lado.

—No vas solo.

Vega gritó desde atrás.

—¡Nadie entra sobre la Alfa sin mi orden!

Iskander miró a Daniel.

—Eso responde bastante.

La Alfa aceleró.

—¡Daniel, atrás! —ordenó Vega.

Daniel retrocedió.

La Alfa cambió.

No fue hacia él.

Giró hacia Iskander.

—¡Iskander!

Escudo.

Impacto.

Iskander salió despedido.

El escudo cayó.

Alyra corrió hacia él.

—¡Iskander!

El cánido de la izquierda entró.

Xenya interceptó.

Electricidad.

Otro por la derecha.

Serrano disparó.

Ignis.

La llama apareció.

Débil.

El cánido frenó.

Serrano volvió a intentarlo.

Nada.

—Vamos...

Una chispa.

Nada más.

Serrano miró el A.R.E.

—Joder.

Vega lo vio.

—No fuerces.

—Puedo sacar otra.

—No.

—Vega.

—He dicho que no.

Serrano apretó los dientes.

Bajó el arma.

◆

Alyra estaba junto a Iskander.

—Mírame.

Él abrió los ojos.

—Estoy.

—¿Dónde te duele?

—Sí.

Alyra soltó aire.

—Idiota.

Iskander intentó levantarse.

No pudo.

—Espera.

—No.

—Iskander.

—El escudo.

Alyra miró.

Estaba a varios metros.

—Déjalo.

—Alyra.

—Déjalo.

Él intentó incorporarse otra vez.

El brazo falló.

Cayó.

Esta vez no hizo ninguna broma.

Alyra lo vio.

—Ya has aguantado.

Iskander respiró con fuerza.

—Todavía...

—Ya has aguantado.

Él cerró los ojos.

Solo un segundo.

Después asintió.

◆

Daniel bloqueó.

La Alfa golpeó una de las A.R.E.

El impacto recorrió todo su brazo.

Daniel perdió sensibilidad en dos dedos.

Retrocedió.

La Alfa no continuó.

Lo observó.

Daniel respiró.

Volvió a levantar las hojas.

La Alfa ladeó ligeramente la cabeza.

Daniel dio un paso.

Ella también.

Xenya apareció por la izquierda.

La Alfa giró inmediatamente.

—¡Xenya, no! —gritó Vega.

Demasiado tarde.

Xenya entró.

Primera daga.

La Alfa esquivó.

Segunda.

Electricidad.

La Alfa ya no estaba allí.

Xenya abrió los ojos.

Una pata apareció en su trayectoria de salida.

—¡XENYA!

Xenya intentó cambiar.

No había espacio.

Daniel entró.

Una A.R.E. interceptó la garra.

Impacto.

El golpe le atravesó el hombro.

Xenya rodó por el suelo.

Daniel cayó de rodillas.

La Alfa golpeó otra vez.

Daniel cruzó las dos hojas.

El impacto lo lanzó hacia atrás.

Xenya se levantó.

Sangre en el labio.

—¡Daniel!

Él ya estaba levantándose.

—Sigo.

Xenya lo miró.

—Mentiroso.

La Alfa los observó.

Xenya cargó electricidad.

Vega gritó:

—¡Atrás!

Xenya obedeció.

Daniel también.

La Alfa no los persiguió.

Solo miró.

◆

—Está aprendiendo otra vez —dijo Alyra.

Estaba de rodillas junto a Iskander.

Vega respiraba con dificultad.

—Sí.

Alyra miró a Xenya.

—Tu salida.

Xenya no necesitó explicación.

—La estaba esperando.

—Sí.

Xenya apretó las dagas.

—Pues no vuelvo a dársela.

La Alfa empezó a caminar.

Daniel observó sus patas.

Su respiración.

Los hombros.

No sabía qué buscaba.

Solo sabía que necesitaba encontrar algo.

Melisa apareció a su lado.

—Daniel.

—¿Qué?

—Tu brazo.

Él miró.

El izquierdo temblaba.

—Está bien.

—No.

—Todavía se mueve.

—Eso no significa que esté bien.

Daniel volvió a mirar a la Alfa.

—Me sirve.

Melisa abrió la boca.

Se detuvo.

Había oído esa frase antes.

Daniel sonrió apenas.

—Luego.

Melisa lo miró.

—Odio que hagáis eso.

◆

El siguiente ataque fue simultáneo.

Tres cánidos.

La Alfa no.

Xenya interceptó uno.

Alyra utilizó el agua contra otro.

Daniel entró sobre el tercero.

Iskander intentó incorporarse.

No pudo.

Vega dio órdenes desde el suelo.

—¡Xenya, no persigas!

Descarga.

—¡Alyra, derecha!

Agua.

—¡Daniel, vuelve al centro!

Daniel retrocedió.

Un cánido atravesó.

Directo hacia los heridos.

Melisa lo vio.

—¡Serrano!

Serrano levantó el A.R.E.

Nada.

—¡Mierda!

Daniel estaba demasiado lejos.

Xenya giró.

Otro cánido la bloqueó.

Alyra extendió ambas manos.

El agua respondió.

Muy poca.

No llegaba.

Vega apoyó una mano en el suelo.

—Vamos...

Aeris.

Una ráfaga pequeña.

El cánido perdió medio paso.

Vega gritó de dolor.

Pero medio paso bastó.

Daniel llegó.

Dos hojas.

Una bloqueó las mandíbulas.

La otra golpeó lateralmente.

El cánido giró.

Daniel cayó con él.

Rodaron.

Una garra le abrió el uniforme.

Daniel clavó el pie contra el abdomen del animal.

Empujó.

Xenya apareció.

Electricidad.

El cánido se apartó.

Daniel quedó boca arriba.

Respirando.

Melisa llegó.

—¿Te ha abierto?

Daniel miró su torso.

Tela rota.

Sangre superficial.

—No mucho.

—Eso lo decido yo.

—Melisa.

—¿Qué?

Daniel señaló delante.

La Alfa estaba acercándose.

Melisa se quedó quieta.

—Ah.

Daniel se levantó.

◆

La Alfa cruzó el cauce.

Esta vez nadie atacó primero.

Vega levantó la voz.

—Retroceded.

Daniel no lo hizo.

—Daniel.

Él miró detrás.

Iskander en el suelo.

Alyra a su lado.

Serrano incapaz de levantarse.

Vega con una pierna inutilizada y una mano sobre las costillas.

Melisa con los heridos.

Xenya respirando con dificultad.

Daniel volvió a mirar a la Alfa.

—Daniel —repitió Vega.

—Si retrocedo, llega hasta vosotros.

—No sabes qué va a hacer.

—No.

La Alfa avanzó.

Daniel levantó las A.R.E.

—Pero sé dónde estoy yo.

Vega lo miró.

Serrano también.

Daniel dio un paso hacia delante.

◆

La Alfa cargó.

Daniel giró.

Primera garra.

Esquivó.

Segunda.

Bloqueó.

El impacto casi le arrancó el A.R.E. de la mano.

Daniel respondió.

Corte lateral.

La hoja rozó el costado de la Alfa.

Por primera vez:

sangre.

Xenya abrió los ojos.

—Le ha dado.

La Alfa retrocedió.

Daniel también.

Ambos respiraron.

La Alfa miró su costado.

Después a Daniel.

Daniel levantó las hojas.

La Alfa entró.

Daniel amagó hacia la derecha.

Cambió.

Una hoja hacia el cuello.

La Alfa bajó.

Daniel utilizó la segunda.

Golpe.

No profundo.

Pero conectó.

La Alfa giró violentamente.

La cola y el cuerpo golpearon a Daniel.

Daniel salió hacia un lado.

Cayó.

Rodó.

Se levantó.

—¡Daniel, fuera! —ordenó Vega.

Daniel retrocedió.

La Alfa no lo dejó.

Garra.

Daniel bloqueó.

Otra.

Esquivó.

Mandíbula.

Retrocedió.

Una piedra detrás.

Daniel tropezó.

La Alfa saltó.

Daniel rodó.

Las mandíbulas golpearon donde había estado su cabeza.

Daniel clavó una A.R.E. contra el suelo.

Se impulsó.

La segunda hoja recorrió el costado del animal.

Otra herida.

Pequeña.

La Alfa giró.

Daniel ya se alejaba.

Xenya lo miraba.

No por velocidad.

Daniel no era rápido.

Estaba sobreviviendo.

Por centímetros.

◆

—Está enfadada —dijo Iskander desde el suelo.

Alyra lo miró.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo también lo estaría.

Alyra casi sonrió.

No llegó.

La Alfa volvió a atacar.

◆

Daniel dejó de repetir movimientos.

Cada vez que hacía algo dos veces, la Alfa ya estaba allí.

Así que cambió.

Una hoja.

Retroceso.

Dos.

Amago.

Rodilla.

Piedra.

Cauce.

Utilizó todo.

No peleaba bonito.

Peleaba para seguir respirando.

La Alfa atacó bajo.

Daniel saltó hacia atrás.

La garra rozó su pierna.

Sangre.

Daniel cayó sobre una rodilla.

Se levantó.

La Alfa entró.

Daniel lanzó una hoja.

No para acertar.

La Alfa apartó la cabeza.

Daniel utilizó ese instante para entrar por el otro lado.

Golpe.

La hoja encontró carne.

La Alfa rugió.

Daniel retiró el arma.

Demasiado lento.

La pata golpeó su pecho.

Daniel salió despedido.

Cayó contra el cauce.

Una de las A.R.E. se escapó de su mano.

Agua.

Barro.

Sangre.

—¡DANIEL!

Xenya avanzó.

—¡NO! —gritó Vega.

Xenya frenó.

—¡Lo va a matar!

—Si entras sola te coge al salir.

—¡Me da igual!

—¡A MÍ NO!

Xenya se giró.

Vega estaba en el suelo.

Pálida.

Dolorida.

Pero la mirada seguía siendo la misma.

—Esa es una orden.

Xenya temblaba.

Electricidad alrededor de sus brazos.

Miró a Daniel.

Después a Vega.

No avanzó.

◆

Daniel encontró el A.R.E. que aún tenía.

Una.

La Alfa se acercaba.

Daniel intentó incorporarse.

El brazo izquierdo no respondió bien.

Se ayudó con el derecho.

De pie.

La Alfa se detuvo.

Daniel levantó la única hoja.

La Alfa cargó.

◆

Daniel bloqueó.

El A.R.E. golpeó contra la garra.

El brazo izquierdo cedió.

Dolor.

Algo se desplazó en el hombro.

Daniel gritó.

La hoja cayó.

La Alfa golpeó con el cuerpo.

Daniel salió despedido.

Su espalda chocó contra el suelo.

Intentó respirar.

No pudo.

La Alfa llegó.

Daniel rodó.

Una garra cayó junto a su cabeza.

Tierra.

Piedras.

Daniel golpeó con el antebrazo.

Inútil.

La Alfa abrió la mandíbula.

Daniel encontró una piedra.

Golpeó el hocico.

Una vez.

La Alfa retrocedió apenas.

Daniel se arrastró.

No tenía A.R.E.

No tenía Éter.

No tenía nada entre la Alfa y él.

La Alfa volvió.

Daniel levantó el brazo derecho.

La garra bajó.

Daniel movió la cabeza.

Demasiado tarde.

◆

Dolor.

Caliente.

Brutal.

Daniel no vio nada durante un segundo.

Después:

rojo.

Su mano fue inmediatamente al rostro.

Sangre.

Mucha.

La garra había pasado desde la parte superior de la ceja hacia el lateral del rostro.

Daniel intentó abrir el ojo.

No pudo.

Sangre le entraba entre los párpados.

—¡DANIEL!

No supo quién gritó.

La Alfa golpeó.

Daniel apenas levantó el brazo.

El impacto lo lanzó contra una roca.

Su cabeza chocó.

Esta vez el mundo desapareció.

◆

Sonido.

Lejano.

Agua.

Alguien gritando.

Daniel abrió un ojo.

El otro no.

Todo estaba inclinado.

Un lado del rostro caliente.

Sangre bajando desde la frente.

Por la ceja.

Por la mejilla.

Hasta la boca.

Intentó mover el brazo izquierdo.

Nada.

Dolor.

Intentó incorporarse con el derecho.

Su mano resbaló.

Cayó.

◆

—¡Daniel!

Muy lejos.

Xenya.

Quizá.

No estaba seguro.

◆

La Alfa caminaba hacia él.

Despacio.

No miraba a nadie más.

A él.

Solo a él.

◆

—¡Tenemos que sacarlo! —gritó Xenya.

Vega intentó levantarse.

Su pierna cedió inmediatamente.

Melisa la sujetó.

—¡No!

—Xenya...

Vega respiró.

—No entres sola.

—¡Se está muriendo!

—Lo sé.

Xenya miró a Alyra.

—Ayúdame.

Alyra intentó levantarse.

Las piernas le temblaban.

—No tengo...

Miró el agua.

Intentó moverla.

Una pequeña corriente respondió.

Cayó inmediatamente.

Alyra cerró los ojos.

—No tengo suficiente.

Iskander arrastró una rodilla debajo del cuerpo.

—Yo...

Alyra lo agarró.

—No.

—Puedo...

Intentó levantarse.

Cayó.

El escudo estaba lejos.

Iskander golpeó el suelo.

—¡Joder!

Serrano levantó el A.R.E.

Nada.

Otra vez.

Una chispa de Ignis.

Murió.

Serrano bajó la cabeza.

Melisa miró a Daniel.

Después a Vega.

A Serrano.

Iskander.

Alyra.

Xenya.

Todos habían dado todo.

Y Daniel estaba solo.

◆

Daniel apoyó la mano.

Tierra.

Barro.

Sangre.

Empujó.

Su cuerpo subió unos centímetros.

Cayó.

Respiró.

No entraba suficiente aire.

Otra vez.

Mano.

Rodilla.

Empujó.

El mundo giró.

Cayó de costado.

La Alfa seguía acercándose.

◆

—No...

Daniel no supo si lo había dicho.

Quizá solo lo pensó.

◆

Una luz.

Blanca.

Un techo.

No.

Un pabellón.

Una cortina moviéndose.

◆

—Daniel.

Otra voz.

No sabía de cuándo.

◆

Escombros.

Una chica debajo.

Clara.

◆

La Alfa.

◆

Una pantalla.

0

◆

—¡Daniel!

◆

Darian.

El suelo.

Dolor.

◆

Una mano.

Armando.

◆

El suelo.

Otra vez.

◆

—Levántate.

◆

Daniel parpadeó.

La Alfa.

Solo la Alfa.

◆

Intentó incorporarse.

Una rodilla.

El brazo derecho temblando.

El izquierdo colgando.

Sangre cubriendo parte de su rostro.

Un ojo cerrado.

El otro apenas enfocado.

La Alfa se detuvo.

◆

Daniel oyó algo.

Muy bajo.

Pensó que era su respiración.

No.

◆

Zzzzzzz—

◆

Daniel levantó ligeramente la cabeza.

El bosque perdió nitidez.

◆

—¡Daniel!

Lejos.

Muy lejos.

◆

La Alfa.

Todo lo demás empezó a desaparecer.

El bosque se volvió distante.

La Alfa no.

◆

CORTE A NEGRO.

FIN DEL EPISODIO 21 — LÍMITE

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