La lluvia había empezado antes del amanecer.
No era fuerte.
Lo suficiente para oscurecer el asfalto y dejar pequeñas gotas suspendidas en las barandillas del complejo.
Daniel atravesó el control de acceso.
Por primera vez no llevaba el chaleco provisional sobre ropa deportiva.
Llevaba el uniforme de su unidad.
Oscuro.
Funcional.
Protecciones ligeras.
El emblema de la A.E.E. en el pecho.
Y debajo:
U.A.O. — ASPIRANTE
No era una habilitación operativa.
Todavía no.
Pero ya no parecía alguien que hubiera entrado allí por accidente.
A ambos lados de su cintura descansaban dos hojas cortas A.R.E.
Modelos asignados para formación.
Una a cada lado.
Seguían perteneciendo a la A.E.E.
Seguían limitadas al entrenamiento.
Daniel apoyó una mano sobre una de las empuñaduras.
—No te emociones.
Levantó la cabeza.
Melisa esperaba junto a la entrada.
También llevaba el uniforme de la U.A.O.
Misma base.
Distinta configuración.
Varias bolsas compactas recorrían su cinturón.
Material sanitario.
Radio.
Herramientas.
En su antebrazo izquierdo llevaba un módulo A.R.E. de apoyo.
No parecía un arma.
Parecía exactamente lo que Melisa habría elegido.
Algo útil.
Daniel miró la hora.
Después a ella.
—No voy a preguntar.
—Bien.
—Pero quiero que sepas que estoy pensando en preguntarlo.
Melisa ajustó una bolsa.
—Diecinueve minutos.
Daniel sonrió.
—Estás mejorando.
—Cállate.
Entraron.
La pantalla principal mostraba una sola palabra.
INTEGRACIÓN
Debajo:
UNIDADES MIXTAS DE RESPUESTA
Daniel se detuvo.
—Eso es nuevo.
—Todo aquí es nuevo.
—Buen argumento.
—Gracias.
Un instructor pasó junto a ellos.
—Sala cuatro.
Daniel señaló la pantalla.
—¿Qué significa unidades mixtas?
El hombre siguió caminando.
—Que vais a dejar de entrenar como si los demás no existieran.
Daniel miró a Melisa.
—Eso suena mal.
—Para ti seguro.
Cinco nombres aparecieron en la pantalla.
DANIEL RODRÍGUEZ — U.A.O.
MELISA — U.A.O.
ALYRA — NE-05
ISKANDER — NE-05
XENYA — VO-07
La puerta se abrió.
Alyra entró primero.
Su uniforme compartía la base institucional de la A.E.E., pero los detalles identificaban inmediatamente su Casa.
NE-05 — NEREA
A su espalda llevaba una A.R.E. alargada.
Más corta que una lanza convencional.
Diseñada para acompañar movimientos precisos y mantener distancia.
Iskander apareció detrás.
Mismo código.
Configuración completamente distinta.
NE-05 — NEREA
Un escudo A.R.E. compacto cubría parte de su antebrazo.
Una espada de una mano descansaba en su cintura.
Daniel miró el escudo.
Iskander lo vio.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás mirando.
—Es grande.
—Tiene que serlo.
Alyra pasó entre ambos.
—Lleva toda la mañana encantado con él.
—No estoy encantado.
—Lo has limpiado dos veces.
—Estaba mojado.
—Dentro del edificio.
Iskander calló.
Daniel sonrió.
—Me cae bien.
Alyra miró a Daniel.
—El de las salidas.
—La del agua.
—Tengo nombre.
—Yo también.
Iskander suspiró.
—Otra vez no.
La puerta volvió a abrirse.
Xenya entró.
Daniel miró primero sus armas.
Dos dagas A.R.E.
Una a cada lado.
Los conductores recorrían parte de las empuñaduras.
Detalles propios de Voltris atravesaban su uniforme.
VO-07 — VOLTRIS
Xenya vio las dos hojas de Daniel.
Después miró sus dagas.
—Dos.
Daniel levantó una ceja.
—Dos.
—Copión.
—Las cogí antes de conocerte.
—Eso dices.
Iskander señaló el reloj.
—Llegas tarde.
Xenya miró.
—Un minuto.
—Tarde.
—¿Quieres que vuelva a entrar?
Alyra cerró los ojos.
—Por favor, no empecéis.
Xenya reparó entonces en Daniel y Melisa.
U.A.O.
—¿Dos?
Melisa respondió:
—Parece.
Xenya se encogió de hombros.
—Mientras podáis seguirnos.
Iskander dejó de sonreír.
—Todavía no hemos empezado.
Xenya lo miró.
—Por eso.
—Excelente.
Todos giraron.
El instructor estaba detrás.
—Ya os caéis mal.
Silencio.
—Nos ahorramos la primera hora.
El instructor recorrió lentamente al grupo.
Miró las dagas de Xenya.
El arma de Alyra.
La espada y el escudo de Iskander.
Las dos hojas de Daniel.
Finalmente el módulo de Melisa.
—Todo lo que lleváis está asignado para formación.
Se detuvo.
—Que os hayan dado un uniforme no significa que estéis preparados para una operación real.
Miró las A.R.E.
—Y que podáis utilizar esto aquí no significa que tengáis autorización para utilizarlo fuera.
Xenya apoyó una mano sobre una daga.
—Todavía.
El instructor la miró.
—Exacto.
Pausa.
—Todavía.
La pantalla cambió.
OBJETIVO: LOCALIZAR / ESTABILIZAR / EVACUAR
—Hasta ahora habéis entrenado capacidades.
Señaló los cinco nombres.
—Hoy entrenaréis funciones.
Apareció un mapa.
—Zona urbana simulada. Incidente desconocido. Comunicaciones limitadas.
Xenya:
—¿Amenazas?
—Desconocidas.
Alyra:
—¿Víctimas?
—Desconocidas.
Melisa:
—¿Estado estructural?
—Desconocido.
Daniel:
—¿Qué sabemos?
El instructor abrió la puerta.
—Dónde empieza.
Un cronómetro apareció.
20:00
—Y cuánto tiempo tenéis.
19:59
Xenya salió primero.
Iskander detrás.
Daniel miró a Melisa.
—Creo que ya tenemos líder.
Desde el pasillo llegó la voz de Iskander.
—No.
La primera discusión tardó menos de tres minutos.
Dos rutas.
Una corta.
Otra más larga con dos salidas secundarias.
Xenya señaló la primera.
—Esa.
Iskander señaló la segunda.
—Esa.
—Cuatro minutos más.
—Dos salidas.
Melisa consultó el plano desde el módulo de su antebrazo.
—Hay una subestación en la corta.
Xenya sonrió.
—Electricidad.
Iskander la miró.
—Claro que eso te tranquiliza.
—Bastante.
Daniel observó el mapa.
—Larga.
Xenya lo miró.
—¿Por qué?
—Porque si algo ocurre en la corta, cuatro dependemos de ti.
La sonrisa de Xenya desapareció ligeramente.
Alyra asintió.
—Larga.
Iskander:
—Larga.
Melisa:
—Larga.
Xenya miró a todos.
—Democracia.
Daniel sonrió.
—Qué bonito.
Xenya empezó a caminar.
—Cuando perdamos por tiempo os lo recuerdo.
Lo hizo.
—Dos minutos treinta y ocho.
Daniel respiró.
—Gracias.
—De nada.
Llegaron al edificio.
Melisa levantó una mano.
Todos se detuvieron.
Una marca roja en el marco.
RIESGO ESTRUCTURAL
Daniel miró arriba.
Una grieta atravesaba parte de la estructura.
Iskander observó.
—Con agua podría reforzarla.
Alyra buscó alrededor.
—No hay suministro.
Xenya desenvainó una de sus dagas.
Una descarga recorrió brevemente el conductor.
—Entonces abrimos otro acceso.
El instructor no estaba allí para detenerla.
Daniel miró la pared.
Después la daga.
—¿Por qué?
Xenya lo miró.
—Porque puedo.
—Eso no responde a la pregunta.
Xenya frunció el ceño.
—Podemos perder diez minutos buscando otra entrada o puedo abrirla.
Alyra examinó la pared.
—Y no sabemos qué sostiene.
Xenya volvió a mirarla.
Alyra señaló la grieta.
—Si cortas ahí sin saber qué carga soporta, puedes convertir una entrada mala en ninguna entrada.
Xenya miró su daga.
Después la pared.
La descarga desapareció.
Guardó el arma.
—Vale.
Iskander sonrió.
Xenya lo señaló.
—Ni una palabra.
—No he dicho nada.
Melisa ya estaba agachada.
—Aquí.
Una caja lateral.
Material de apuntalamiento.
Daniel se acercó.
—Eso sirve.
Xenya miró el cronómetro.
—Estamos perdiendo tiempo.
Un golpe seco resonó dentro.
Polvo cayó del techo.
Todos miraron arriba.
Xenya permaneció callada.
Daniel la miró.
—Tampoco voy a decir nada.
—Más te vale.
Primera víctima.
Consciente.
Pierna atrapada.
Alyra se agachó.
—Hola. Soy Alyra. Vamos a sacarte de aquí.
Melisa comprobó la pierna.
Daniel observó el entorno.
Iskander desplegó el escudo.
No para luchar.
Lo encajó bajo una pieza inestable.
—Esto no está hecho para eso —dijo Alyra.
—Ahora sí.
—Como lo rompas...
—Aguanta.
Alyra puso los ojos en blanco.
Xenya miró hacia un pasillo.
—Hay otra sala.
—Espera —dijo Melisa.
—Hay más víctimas.
—No sabemos cuántas.
Xenya empezó a avanzar.
Daniel levantó una radio.
—Xenya.
Ella giró.
—Voy a mirar.
Daniel le lanzó una segunda radio.
Xenya la atrapó.
—Canal dos.
—No necesito permiso para mirar un pasillo.
—No.
Daniel señaló la radio.
—Pero necesitamos saber dónde estás.
Xenya lo miró.
—Treinta segundos.
—Veinte.
—Veinticinco.
—Vale.
Desapareció.
Iskander negó.
—Va a hacer lo que quiera.
Alyra seguía atendiendo a la víctima.
—Tú tampoco eres exactamente fácil.
—Yo escucho.
Alyra levantó la cabeza.
—Cuando te conviene.
Melisa sonrió.
—Eso sigue siendo escuchar —dijo Iskander.
—Tengo dos.
La voz de Xenya salió por la radio.
Daniel respondió.
—Estado.
—Una consciente. Otra no.
—Riesgos.
Silencio.
—Xenya.
—Estoy mirando.
Pausa.
—Cableado en el suelo.
Melisa consultó inmediatamente su módulo.
Plano eléctrico.
Sector C.
Un indicador empezó a parpadear.
—Espera.
Daniel la miró.
Melisa amplió.
—No es solo la subestación.
—¿Qué?
—El sistema de emergencia comparte parte de la instalación.
Xenya:
—¿Eso es malo?
Melisa siguió leyendo.
—Si activan evacuación, algunas compuertas cerrarán automáticamente.
Daniel:
—¿Cuánto tiempo?
—No lo sé todavía.
Xenya:
—Perfecto.
Daniel:
—No toques nada.
—Sé cómo funciona la electricidad.
—Precisamente.
—Qué gracioso.
—Gracias.
—No era un cumplido.
Cuando llegaron al segundo sector, Xenya estaba agachada junto a la víctima inconsciente.
No había tocado el cableado.
Iskander lo vio.
Xenya vio que lo había visto.
—Ni se te ocurra.
—No he dicho nada.
Alyra levantó la cabeza.
—Eso es mío.
—No puedes registrar una frase.
Daniel:
—Seguro que en la A.E.E. hay un formulario.
Melisa:
—Tres copias.
Xenya soltó una risa.
—Vale.
Señaló a la víctima.
—¿Podemos sacarlo antes de que ella encuentre el formulario?
La alarma comenzó durante la tercera extracción.
Luces rojas.
EVACUACIÓN INMEDIATA
Una última víctima permanecía al fondo.
Xenya empezó a moverse.
Daniel:
—Espera.
Ella siguió.
Melisa miró su módulo.
Su expresión cambió.
—¡Para!
Xenya se detuvo.
Todos miraron a Melisa.
—La alarma general no controla esa compuerta.
Señaló el corredor.
—Tiene un temporizador independiente.
Daniel miró el panel.
—¿Cuánto?
Melisa pasó pantallas.
—Estoy buscando.
La víctima gritó.
—¡Ayuda!
Xenya miró hacia ella.
—Voy.
—Espera —dijo Iskander.
—No.
—Xenya.
—No pienso dejarlo ahí.
Daniel la observó.
No había desafío en su voz.
No esta vez.
Melisa levantó la cabeza.
—¡Veintidós segundos!
Todos giraron.
—¿Seguro? —preguntó Daniel.
—Veintiuno.
Xenya se preparó.
Daniel miró la compuerta.
—Necesitamos frenarla.
Iskander miró el mecanismo.
—Puedo congelarlo.
Alyra negó.
—No tienes suficiente agua.
Iskander la miró.
Alyra ya había localizado una tubería lateral.
—Pero puedo dártela.
Corrió hacia la válvula.
Iskander sonrió.
—¿Cuánta?
—La que necesites si dejas de intentar hacerlo todo tú solo.
—Dieciocho —dijo Melisa.
Daniel miró a los tres.
Melisa había encontrado el tiempo.
Alyra había encontrado el recurso.
Iskander sabía cómo utilizarlo.
Daniel miró a Xenya.
—Vuelves cuando te lo diga.
Ella frunció el ceño.
—Daniel...
—O no vas.
—Dieciséis.
Xenya apretó la mandíbula.
Miró a la víctima.
Después a Daniel.
—Vale.
Daniel respiró.
No había resuelto el problema.
Solo tenía que conseguir que las soluciones ocurrieran juntas.
—Ahora.
Xenya salió.
—¡Catorce!
Alyra abrió el suministro.
El agua salió.
Pero no fue directamente hacia Iskander.
Alyra extendió su A.R.E.
Giró.
El flujo cambió de dirección.
Una curva limpia.
Después otra.
El agua llegó exactamente al mecanismo.
—Ahora —dijo Alyra.
Iskander cerró la mano.
Hielo.
La compuerta empezó a descender.
—¡Once!
Xenya llegó a la víctima.
Soltó el anclaje.
—¡Nueve!
El hielo recibió el golpe.
CRACK.
—¡No aguanta! —gritó Iskander.
Alyra corrigió el flujo.
—¡No necesitas que aguante! ¡Solo que tarde!
—¡Ocho!
Xenya levantó el maniquí.
—¡Esto pesa una barbaridad!
—¡Siete!
Daniel miró la compuerta.
—¡Xenya, vuelve!
Ella corrió.
—¡Cinco!
El hielo se fracturó.
—¡Más! —gritó Iskander.
—¡Si te doy más pierdo el flujo!
—¡Cuatro!
Xenya seguía demasiado lejos.
Daniel dio un paso.
Melisa lo agarró del uniforme.
—No.
Daniel giró.
—No iba a...
—Sí ibas.
—¡Tres!
Xenya empujó el maniquí.
Daniel e Iskander lo agarraron.
—¡Dos!
Xenya se lanzó.
La compuerta cayó.
GOLPE.
Silencio.
Xenya quedó tumbada boca arriba.
Respirando.
Daniel la miró.
—Veinticinco segundos.
Xenya tardó en entender.
Después empezó a reír.
—Idiota.
Melisa miró su módulo.
—Para que conste, fueron veintiuno.
Daniel la miró.
—Déjame tener esto.
—No.
Alyra estaba todavía sujetando su A.R.E.
Iskander miró el hielo roto.
Después a ella.
—Buen flujo.
Alyra respiró.
—Buen hielo.
Pausa.
—No te acostumbres.
El instructor los esperaba.
—Objetivo completado.
Xenya sonrió.
—Bien.
—Fuera de tiempo.
La sonrisa desapareció.
—Dos minutos y once segundos.
Daniel:
—Menos bien.
—Dos decisiones inseguras.
Miró a Xenya.
—Una utilización innecesaria de una A.R.E.
Xenya no respondió.
—Una discusión innecesaria.
Miró a Iskander.
Alyra levantó una ceja.
—¿Solo una?
—Te estoy oyendo —dijo Iskander.
—Y una improvisación final.
Pausa.
—Que funcionó.
Xenya cruzó los brazos.
—Entonces...
—Aquí.
Ella calló.
—Eso es lo peligroso de que algo funcione una vez.
El instructor recorrió al grupo.
—Os hace creer que sabéis hacerlo.
Señaló a Melisa.
—Buena lectura del sistema.
Melisa asintió.
—Alyra. Buena adaptación de recurso.
—Iskander. Buena contención. Excesiva al principio.
Iskander aceptó.
Después Daniel.
—Tú no resolviste el problema.
Daniel esperó.
—Ellos lo hicieron.
Daniel miró a los demás.
—Tú conseguiste que las soluciones ocurrieran juntas.
Pausa.
—No confundas ambas cosas.
Daniel asintió.
—No.
Finalmente Xenya.
—Y tú llegaste.
Ella sonrió ligeramente.
—Pero si cualquiera de los otros cuatro hubiera fallado, no habrías vuelto.
La sonrisa desapareció.
—Individualmente tenéis cosas útiles.
Miró a los cinco.
—Juntos todavía sois un problema.
Alyra:
—¿Repetimos mañana?
—Pasado.
Xenya:
—¿Por qué?
—Mañana entrenáis por separado.
Iskander:
—¿Y después?
El instructor abrió la puerta.
—Después veremos si cinco personas pueden dejar de comportarse como cinco personas.
Xenya estaba sentada fuera.
Las dos dagas A.R.E. descansaban en su cintura.
Giraba una botella entre las manos.
Daniel salió.
Sus dos hojas estaban nuevamente a ambos lados.
—Puedes sentarte —dijo ella.
—No había preguntado.
—Estabas pensando en hacerlo.
Daniel se sentó.
Silencio.
—Habría llegado.
—Llegaste.
—No me refiero a eso.
Daniel entendió.
—Sola.
—Sí.
Daniel pensó.
—Puede.
Xenya lo miró.
—¿Puede?
—Puede que hubieras llegado.
—Entonces ¿por qué me paraste?
Daniel miró al frente.
—Porque no estabas sola.
Xenya dejó de mover la botella.
—Si estás sola y quieres apostar contigo, es cosa tuya.
Daniel la miró.
—Si estamos cinco, también apuestas con nosotros.
Silencio.
—Qué pesado eres.
—Me lo dicen mucho.
Daniel se levantó.
Dio dos pasos.
Se detuvo.
—Pero fuiste a por él.
—Era un maniquí.
—Tú no lo trataste como uno.
Xenya abrió la boca.
Nada salió.
Por primera vez desde que Daniel la había conocido, no tuvo una respuesta preparada.
Daniel no preguntó.
Se marchó.
Xenya bajó la mirada hacia la botella.
Sus dedos dejaron de moverla.
—¿Alguien quiere esto?
Daniel dejó su vaso sobre la mesa.
Los otros cuatro lo miraron.
Xenya señaló el líquido.
—¿Qué es?
—Supuestamente café.
Iskander lo cogió.
Alyra abrió los ojos.
—No.
Iskander bebió.
Silencio.
Dejó el vaso.
—No es café.
Daniel señaló.
—Gracias.
Melisa estaba sentada al otro lado organizando su equipo.
Xenya la observó.
—¿Estás etiquetando eso?
—Sí.
—¿Por qué?
Melisa levantó una bolsa.
—Gasas.
—Ya veo que son gasas.
Melisa pegó la etiqueta.
GASAS
—Ahora también puedes leerlo.
Xenya la miró.
Daniel empezó a reír.
Alyra también.
Xenya señaló a Melisa.
—Empiezo a entenderte.
—No lo creo.
Iskander cogió una de las bolsas.
Melisa levantó la mirada.
—Déjala.
—Solo estoy mirando.
—Déjala.
Iskander la dejó exactamente donde estaba.
Xenya sonrió.
—El hombre del escudo tiene miedo.
—Respeto.
—Miedo.
Alyra miró a Iskander.
—Por una vez, hazle caso.
Iskander señaló a Xenya.
—¿A ella?
—A Melisa.
—Ah.
—Sí.
Xenya abrió una barrita.
—Por cierto, mañana pienso ganar.
Daniel la miró.
—¿A quién?
Xenya dio un mordisco.
Pensó.
—Todavía no lo he decidido.
Alyra negó con la cabeza.
Daniel sonrió.
Durante unos minutos nadie habló de Éter.
Ni de pruebas.
Ni de Alterados.
Solo estuvieron allí.
Cinco personas alrededor de una mesa.
Todavía no eran un equipo.
Pero empezaban a dejar de ser desconocidos.
Más tarde, Melisa encontró a Daniel junto a la salida.
—Xenya no me cae mal.
Daniel la miró.
—Eso ha quedado bastante claro.
—Pensaba que me caería mal.
—Eso sigue siendo muy específico.
—Es intensa.
—Sí.
—Iskander también.
—Sí.
—Alyra menos.
Daniel miró hacia la mesa que acababan de abandonar.
—Dale tiempo.
Melisa sonrió.
—¿Crees que volverán a ponernos juntos?
Daniel miró sus dos hojas.
Después el módulo del antebrazo de Melisa.
A lo lejos, Xenya discutía con Iskander.
Alyra estaba entre ambos.
Otra vez.
—Sí.
—¿Por qué?
Daniel levantó el vaso de supuesto café.
—Porque hemos sido un desastre.
Melisa esperó.
—Y aquí parecen disfrutar arreglando cosas.
A varios kilómetros de allí, nadie sabía sus nombres.
Sobre una mesa había un mapa.
Tres incidentes.
Después cuatro.
Después cinco.
La investigadora añadió el último.
—No forman una línea.
—No.
—Entonces no siguen una ruta.
Ella amplió.
Carreteras.
Bosques.
Cursos de agua.
Zonas urbanas.
Horas.
El técnico se inclinó.
—Espera.
Primer registro.
Segundo.
Tercero.
Cuarto.
—Rodean zonas.
—Sí.
—Y después vuelven a acercarse.
—Sí.
—¿A qué?
La investigadora observó el mapa.
—Eso intento averiguar.
La puerta se abrió.
Un agente dejó fotografías sobre la mesa.
—Nuevo aviso.
—¿Ataque?
—No.
—¿Heridos?
—No.
Tierra húmeda.
Restos de una presa.
Huellas.
Muchas.
—¿Sangre?
—Solo de la presa.
—¿Signos de enfrentamiento entre ellos?
—Ninguno.
Otra fotografía.
Los cánidos habían ocupado diferentes posiciones alrededor de los restos.
No de forma perfecta.
Pero tampoco caótica.
La investigadora cambió de imagen.
Una zona permanecía prácticamente libre.
El técnico señaló.
—¿Por qué ninguno entra ahí?
—No lo sabemos.
Ampliaron.
Había marcas parciales en el barro.
Incompletas.
Demasiado deformadas para reconstruir una huella.
—¿Otro animal?
—Puede.
—¿Tamaño?
La investigadora negó.
—No con esto.
Otra imagen.
Las huellas menores llegaban hasta cierto punto.
Después se desviaban.
Ninguna atravesaba el espacio central.
El técnico miró el mapa.
Después las fotografías.
—¿Se están reuniendo?
La investigadora permaneció en silencio.
—No.
—¿Entonces?
Antes de responder abrió la última fotografía.
Una secuencia de huellas abandonaba la zona.
Varias.
Todas en la misma dirección.
El técnico acercó la imagen.
—Espera.
Las marcas del espacio central no comenzaban junto a ellas.
Empezaban unos metros después.
El técnico levantó la mirada.
—Los demás salieron primero.
La investigadora observó la fotografía.
—Sí.
—¿Y eso?
Miró las marcas incompletas.
Después las huellas que parecían haber avanzado delante.
La investigadora tardó unos segundos en responder.
—Fue detrás.
Silencio.
Volvió al mapa.
A las distancias.
A las posiciones.
A aquel espacio que ninguno de los otros animales parecía haber atravesado.
—No se están reuniendo.
El técnico esperó.
La investigadora levantó la vista.
—Se están organizando.
CORTE A NEGRO.
FIN DEL EPISODIO 16 — INTEGRACIÓN