TEMPORADA 1 — EL DESPERTAR

ARCO III — LOS ALTERADOS

EPISODIO 23

Huella

11 min de lectura

Oscuridad.

◆

Una voz.

—Dani.

Lejos.

◆

Otra.

—Déjalo dormir.

◆

Pasos.

Una puerta.

Después:

nada.

◆

Horas antes.

◆

Daniel no se movía.

Monitor.

Respiración.

Vendajes.

El brazo izquierdo inmovilizado.

Parte del rostro cubierto.

Una línea oscura de sangre seca todavía visible junto a la mejilla.

◆

Flora permanecía de pie junto a la cama.

No decía nada.

Lina estaba al otro lado.

—Puedes sentarte.

Flora negó.

—Estoy bien.

Lina la miró.

Flora bajó los ojos hacia Daniel.

—Es idiota.

—Muchísimo.

Flora sonrió apenas.

Después volvió a mirarlo.

—Cuando despierte dile que vine.

—Se lo diré.

Flora dio un paso hacia la puerta.

Se detuvo.

—No.

Lina frunció el ceño.

—¿No qué?

—No se lo digas.

—¿Por qué?

Flora miró otra vez a Daniel.

—Porque se va a poner pesado.

Lina sonrió.

—Eso también.

◆

La tarde cayó.

◆

Lina salió unos minutos.

Café.

Una llamada.

Aire.

Cuando regresó, alguien estaba delante de la habitación.

Xenya.

◆

Vendaje pequeño en una mano.

Un corte en el labio.

Ropa limpia.

El pelo todavía desordenado.

No llevaba sus dagas.

Por primera vez desde que Lina la conocía:

parecía no saber qué hacer con las manos.

◆

—¿Quieres entrar? —preguntó Lina.

Xenya levantó la mirada.

—Yo...

Una pausa.

—Solo venía a ver si seguía vivo.

Lina miró hacia la cama.

—Sigue estándolo.

—Bien.

Xenya asintió.

No se movió.

Lina abrió la puerta.

—Voy a por algo de beber.

Xenya la miró.

—No hace falta.

—Ya.

Lina salió igualmente.

◆

Xenya entró.

Cerró la puerta.

Muy despacio.

Daniel seguía inconsciente.

◆

Xenya se acercó.

Una silla.

Se sentó.

Se levantó.

Volvió a sentarse.

◆

—Esto es ridículo.

Daniel no respondió.

Xenya apoyó los codos sobre las rodillas.

Lo miró.

◆

—Tú eres bastante menos pesado así.

Silencio.

—Por si te interesa.

Nada.

◆

Xenya bajó la vista.

Sus manos.

El vendaje.

Los pequeños cortes.

Después volvió a mirar el rostro de Daniel.

◆

—No tenías que hacer eso.

La voz le salió más baja de lo que esperaba.

Frunció el ceño.

—Bueno...

Se corrigió.

—Sí tenías.

Una pausa.

—Porque no sabes quedarte atrás.

◆

Daniel respiró.

Monitor.

Xenya tragó saliva.

◆

—Pero...

Miró hacia la puerta.

Como si comprobara que nadie estaba allí.

Volvió a él.

—Gracias.

◆

Nada.

◆

Xenya sonrió, incómoda.

—Por mí.

Otra pausa.

—Por todos.

◆

Miró el brazo inmovilizado.

El vendaje del rostro.

◆

—Yo habría entrado.

Silencio.

—Aunque Vega me hubiera dicho que no.

Xenya bajó la mirada.

—Y seguramente me habría atrapado.

◆

La respuesta no llegó.

Por supuesto.

Xenya se quedó quieta.

◆

—Tú sí entraste.

◆

Sus dedos se acercaron a la mano derecha de Daniel.

Se detuvieron antes de tocarla.

Xenya miró su propia mano.

La apartó.

Inmediatamente.

◆

—Vale.

Se levantó.

Demasiado rápido.

La silla rozó el suelo.

Xenya la sujetó.

—Perfecto.

Respiró.

—Esto no ha pasado.

◆

Llegó hasta la puerta.

Se detuvo.

Miró atrás.

Daniel seguía igual.

◆

—Despierta.

Una pausa.

—Que todavía me debes una explicación.

◆

Xenya salió.

◆

Bip.

◆

Bip.

◆

Bip.

◆

Daniel abrió un ojo.

Blanco.

Techo.

Luz.

Lo cerró.

◆

Volvió a abrirlo.

Una lámpara.

Una cortina.

Una pared.

Hospital.

◆

Intentó mover la cabeza.

Dolor.

—No...

Una silla se movió.

—Dani.

Daniel giró el ojo.

Lina.

—Hola —murmuró.

Lina lo miró durante dos segundos.

Después le dio un golpe muy suave en la pierna.

—Idiota.

Daniel cerró el ojo.

—Eso ha dolido muchísimo.

—Mentiroso.

—Un poco.

Lina se levantó.

Se acercó.

Y lo abrazó.

Con cuidado.

Daniel sintió cómo evitaba el hombro.

Levantó la mano derecha.

La apoyó sobre su espalda.

—Estoy aquí.

—Ya.

Su voz sonó distinta.

Daniel no dijo nada.

◆

Cuando se apartó, intentó mover el brazo izquierdo.

Nada.

Miró.

Inmovilizador.

Vendajes.

—Hombro —dijo Lina.

Daniel respiró.

—Ah.

Lina señaló su rostro.

—Y eso.

Daniel levantó la mano.

Ella la agarró.

—No.

—Solo iba a tocarlo.

—Pues no.

Daniel la miró.

—¿Tan mal está?

Lina no contestó inmediatamente.

Eso bastó.

◆

—¿Puedo verlo?

Lina cogió el espejo de la mesa.

—El médico ha dicho que, por ahora, no parece haber daño grave en el ojo.

Daniel dejó de sonreír.

—¿Por ahora?

—Está muy inflamado. Tienen que seguir revisándolo.

Daniel tomó el espejo.

◆

Vendaje.

Hematomas.

Piel inflamada.

Y una herida que descendía desde la zona de la ceja hacia el lateral del rostro.

Daniel se quedó mirando.

—¿Se va a quedar?

—Parte de la cicatriz probablemente sí.

Silencio.

Daniel dejó el espejo.

◆

La Alfa.

◆

Garra.

◆

Sangre.

◆

—¿Los demás?

—Vivos.

Daniel cerró el ojo.

Soltó todo el aire.

—¿Todos?

—Todos.

Lina se sentó.

—Iskander está bastante fastidiado, pero estable. Alyra y Xenya tienen golpes y agotamiento. Melisa está bien dentro de lo que cabe. Vega y Serrano siguen ingresados.

Daniel asintió.

—Bien.

Lina lo miró.

—Han venido algunos.

Daniel giró hacia ella.

—¿Quién?

—Flora.

Daniel sonrió.

—¿Qué dijo?

—Que no te dijera que vino.

—Muy Flora.

—Nair también pasó.

—¿Nair?

—Te dejó agua.

Daniel miró la botella sobre la mesa.

—Claro.

—Y Armando se dejó ver por aquí.

Daniel dejó de sonreír un poco.

—¿Entró?

—No mucho.

—También muy él.

Lina dudó.

Daniel lo vio.

—¿Quién más?

—Xenya.

Daniel levantó ligeramente una ceja.

Dolor.

Mala idea.

—¿Xenya?

—Sí.

—¿Qué dijo?

Lina se encogió de hombros.

—No estaba aquí.

Daniel la miró.

—Qué conveniente.

—Fui a por café.

—Ajá.

—Dani.

—No he dicho nada.

◆

La puerta se abrió.

Un médico entró acompañado de una mujer con acreditación A.E.E.

—Daniel Rodríguez.

—Sí.

—¿Cómo te encuentras?

Daniel miró su cuerpo.

—Estupendo.

Lina soltó una pequeña risa.

El médico no.

—La lesión del hombro necesitará tiempo. El ojo seguirá bajo observación, pero ahora mismo no vemos indicios de pérdida permanente de visión.

Daniel exhaló lentamente.

—Vale.

—Has sufrido varios traumatismos. Nada de entrenamiento.

Daniel lo miró.

—¿Cuánto?

—Ya hablaremos de eso.

—Eso nunca significa algo bueno.

◆

La mujer de la A.E.E. dio un paso.

—Cuando estés en condiciones necesitaremos tu declaración sobre E-47.

Lina levantó la cabeza.

—Acaba de despertarse.

—No he dicho que sea ahora.

Daniel miró a la mujer.

—¿Qué quieren saber?

—Qué recuerdas.

◆

Bosque.

Alfa.

Suelo.

◆

0

◆

Después:

fragmentos.

Daniel frunció el ceño.

—No mucho.

La mujer anotó.

—Volveremos.

◆

Cuando salieron, Lina cerró la puerta.

—No digas nada todavía.

Daniel la miró.

—¿Sobre qué?

Lina abrió la boca.

La puerta volvió a abrirse.

◆

Xenya entró primero.

Detrás:

Alyra.

Melisa.

Iskander en silla de ruedas.

Daniel miró la silla.

Iskander levantó un dedo.

—Ni una palabra.

Daniel sonrió.

—No iba a decir nada.

—Mentira.

Alyra empujó la silla.

—Lleva diciendo que puede caminar desde que salimos.

—Puedo.

—No puedes.

Xenya pasó junto a ellos.

—Si intentas levantarte, te vuelvo a sentar yo.

Iskander la miró.

—Eso son amenazas.

—Correcto.

◆

Daniel los observó.

Vendajes.

Golpes.

Cansancio.

Daniel bajó la mirada.

—Lo siento.

Xenya frunció el ceño.

—No.

Daniel levantó la cabeza.

—¿Qué?

—No empieces.

—Solo iba a...

—Ya sé lo que ibas a hacer.

Daniel sonrió apenas.

—¿Ahora lees la mente?

—No. Eres predecible.

Alyra miró a Xenya.

Xenya se dio cuenta.

—¿Qué?

—Nada —dijo Alyra.

Xenya frunció el ceño.

◆

Melisa cerró la puerta.

Daniel lo notó.

—Vale.

Los miró.

—¿Qué pasa?

Melisa cruzó los brazos.

—¿Qué recuerdas?

Daniel pensó.

—La Alfa.

—Sigue.

—Estaba en el suelo.

Silencio.

—No podía levantarme.

Xenya bajó la mirada.

Daniel continuó.

—Después...

Algo.

Muy bajo.

Daniel frunció el ceño.

—Oí un zumbido.

Los cuatro se quedaron quietos.

Alyra fue la primera.

—¿Un zumbido?

Daniel asintió.

—Sí.

Miró sus caras.

—¿Qué pasó?

◆

Iskander soltó aire.

—Te levantaste.

—Eso lo recuerdo.

—No.

Iskander negó.

—Después.

◆

Alyra habló.

—La Alfa te atacó.

Daniel esperó.

—Y no te alcanzó.

Daniel frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Exacto —dijo Xenya.

◆

Daniel la miró.

Xenya se acercó un poco.

—Dabas un paso.

Una pausa.

—Y aparecías donde no debías.

—¿Aparecía?

—No como...

Xenya buscó la palabra.

—No desaparecías.

Daniel esperó.

—No sé explicarlo.

—Tú eres la rápida.

—Precisamente.

Xenya lo miró.

—Por eso sé que aquello no era velocidad.

◆

Alyra continuó.

—También había algo alrededor de ti.

—¿Qué?

—El fondo se veía mal.

Daniel frunció el ceño.

—¿Mal?

—Desplazado.

Alyra levantó una mano.

—Como si algo no encajara.

Melisa añadió:

—Parecía una manifestación.

Daniel la miró.

—¿Éter?

Silencio.

◆

—¿Usé Éter?

Xenya negó.

—No sabemos qué usaste.

—Pero lo visteis.

Alyra asintió.

Iskander también.

Melisa:

—Todos.

◆

Daniel abrió la mano derecha.

La cerró.

Nada.

◆

—¿Y la Alfa?

Xenya lo miró.

—Tú la hiciste retroceder.

Daniel tardó en responder.

—No.

—Sí.

—No puedo.

Xenya no sonrió.

—Ya.

◆

Daniel miró a Melisa.

—¿Qué hice?

—No lo sabemos.

Alyra habló:

—El último golpe...

Daniel la miró.

Alyra continuó.

—La golpeaste.

—¿Con qué?

—Con el puño.

Daniel miró su mano.

—Eso es imposible.

Iskander soltó aire.

—Ese día tuvimos varios de esos.

◆

Daniel dejó caer la mano sobre la sábana.

—¿Qué dijisteis a la A.E.E.?

Silencio.

Xenya apoyó la espalda contra la pared.

—Que fui yo.

Daniel la miró.

—¿Qué?

—Intervención Voltris.

—Xenya...

—Vega lo decidió.

Melisa asintió.

—Serrano lo respaldó.

Daniel miró a todos.

—¿Por qué?

Alyra respondió.

—Porque tú sigues siendo cero.

Daniel frunció el ceño.

—Eso ya lo sé.

—Nosotros vimos algo que no encaja con ninguna de las siete Casas.

Silencio.

—Y no sabemos qué ocurriría si alguien dentro de la A.E.E. decide que necesita averiguar qué eres.

◆

Daniel miró a Lina.

—Por eso.

Ella asintió.

◆

Melisa habló.

—No sabemos si estamos exagerando.

—Eso tranquiliza mucho.

—Pero tampoco sabemos si no.

Xenya miró hacia otro lado.

—De momento el informe dice que fui yo.

Daniel la observó.

—Podrías tener problemas.

Xenya volvió a mirarlo.

—Tú te pusiste delante de la Alfa por todos nosotros.

Daniel no respondió.

—Así que estamos bastante igualados.

Daniel sonrió apenas.

—No creo.

Xenya se encogió de hombros.

—Problema tuyo.

◆

Daniel miró a los cuatro.

Una idea pareció alcanzarlo.

—¿Y ahora qué pasa con nosotros?

Iskander levantó ligeramente la cabeza.

—¿Con nosotros?

Daniel señaló como pudo al grupo.

—Esto.

Alyra entendió.

—Nada está decidido.

Daniel la miró.

Alyra continuó:

—Nos juntaron para E-47.

Melisa asintió.

—La agrupación era parte del entrenamiento operativo. Diferentes Casas, U.A.O., afinidades y funciones trabajando juntas en una salida real supervisada.

Xenya apoyó un hombro contra la pared.

—No somos una unidad permanente.

Daniel guardó silencio.

Iskander miró alrededor.

—O sea que después de casi morir juntos, ¿nos separan?

Alyra lo miró.

—Ese siempre fue el plan.

—Mala planificación emocional.

Xenya soltó aire por la nariz.

Daniel sonrió.

Melisa negó con la cabeza.

—Después de los informes decidirán nuestros siguientes destinos y entrenamientos. Puede que coincidamos otra vez.

—O puede que no —dijo Daniel.

Nadie respondió inmediatamente.

Xenya fue la primera.

—Pues ya veremos.

◆

Melisa cogió una bolsa.

La dejó sobre la mesa.

—Hay otra cosa.

Daniel la miró.

Dentro:

fragmentos del A.R.E.

—Eso sí está registrado —dijo Melisa.

Sacó una segunda bolsa.

Más pequeña.

Daniel vio lo que había dentro.

Una garra.

Grande.

Oscura.

◆

—Esto todavía no —dijo Melisa.

Daniel levantó la mirada.

—¿Cómo que no?

—La encontré antes de que terminaran el inventario de recuperación.

Silencio.

—La guardé con tu equipo mientras te evacuaban.

Daniel miró la garra.

—¿La A.E.E. sabe que está aquí?

Melisa negó ligeramente.

—Todavía no está registrada.

Xenya observó la bolsa.

Daniel también.

—Melisa...

—No he decidido qué hacer con ella.

—Eso tranquiliza incluso menos.

—Bien.

Melisa dejó la bolsa sobre la mesa.

—Cuando sepamos qué pasó realmente, decidimos.

Iskander levantó un dedo.

—Genial. Primera misión y ya tenemos secretos.

Alyra lo miró.

—No ayudas.

—Estoy intentando aliviar la tensión.

—No la estás aliviando.

—Pues lo intento más tarde.

◆

Daniel observó la garra.

Un sonido.

Metal.

◆

CRAC.

◆

Nada más.

—¿La rompí yo?

—Parece que sí —respondió Melisa.

Daniel soltó aire.

—No recuerdo hacerlo.

—Lo sabemos.

Melisa guardó de nuevo la bolsa pequeña.

—Por ahora se queda aquí.

◆

Horas después.

◆

Sala de evaluación.

Daniel sentado.

Hombro inmovilizado.

Vendaje en el rostro.

Sensores.

Lina detrás del cristal.

Melisa esperaba junto a ella.

◆

El técnico activó el S.E.E.

Daniel miró la pantalla.

◆

RESERVA: 0

◆

FLUJO: 0

◆

CONTROL: 0

◆

SINCRONÍA: 0

◆

Silencio.

El técnico frunció el ceño.

Daniel no.

—Otra vez.

El técnico lo miró.

—La lectura es válida.

—Otra vez.

◆

Segunda lectura.

Sensores.

Silencio.

◆

RESERVA: 0

FLUJO: 0

CONTROL: 0

SINCRONÍA: 0

◆

Daniel miró el resultado.

El técnico revisó una ventana lateral.

Su expresión cambió.

Muy poco.

Daniel lo vio.

—¿Qué?

—Nada.

—Eso no era cara de nada.

El técnico no respondió.

Una notificación apareció en un extremo de la pantalla.

◆

SOLICITUD DE DATOS BRUTOS

PRIORIDAD INTERNA

ORIGEN: RESTRINGIDO

◆

Daniel alcanzó a leerlo.

—¿Quién ha pedido eso?

El técnico movió la ventana.

Demasiado tarde.

—No figura.

La mujer de la A.E.E. entró en la sala.

Miró la pantalla.

Después a Daniel.

—Envía también los registros sin procesar.

Daniel la observó.

—¿A quién?

La mujer sostuvo su mirada.

—No lo sé.

Daniel sonrió sin humor.

—Cada vez me tranquilizáis más.

◆

Ella miró los resultados.

—¿Has manifestado algo desde que despertaste?

Daniel pensó en Xenya.

Un paso.

Una distancia imposible.

La Alfa.

◆

—No.

—¿Nada?

Daniel levantó la mano derecha.

Vacía.

—Nada.

◆

La mujer observó la pantalla.

—Según el S.E.E., sigues sin registrar actividad.

Daniel miró los cuatro ceros.

◆

Aquella noche.

◆

Lina dormía en la silla.

Daniel no.

◆

Entró al baño.

Encendió la luz.

Miró el espejo.

Retiró parte del vendaje hasta donde tenía permitido.

La herida cruzaba la zona de la ceja.

Descendía hacia el lateral del rostro.

Inflamada.

Roja.

Todavía reciente.

◆

Una marca.

Que probablemente se quedaría.

◆

Daniel levantó la mano derecha.

Esperó.

Nada.

◆

Cinco segundos.

Nada.

◆

Cerró el puño.

◆

La Alfa.

Demasiado lejos.

◆

El puño.

◆

Impacto.

◆

Daniel abrió la mano.

Nada había cambiado.

◆

Volvió a mirarse.

Un ojo abierto.

El otro todavía inflamado.

Hombro inmovilizado.

Vendajes.

◆

La puerta se reflejó en el espejo.

Lina estaba despierta.

—¿Qué haces?

Daniel miró su mano.

—No lo sé.

—Pues no lo hagas a las tres de la mañana.

Daniel sonrió.

—Gran consejo.

—Soy tu hermana. Para eso estoy.

◆

Volvió a la cama.

Sobre la mesa:

una bolsa.

Dentro:

el A.R.E. roto.

Debajo de él, todavía sin registrar:

la garra de la Alfa.

◆

Daniel miró después su mano.

◆

En alguna parte de la A.E.E., alguien acababa de pedir todos sus datos.

◆

Y el S.E.E. seguía diciendo:

◆

0 / 0 / 0 / 0

◆

Esta vez,

Daniel no apartó la mirada.

◆

CORTE A NEGRO.

FIN DEL EPISODIO 23 — HUELLA

FIN DEL EPISODIO 23 — HUELLA

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