El bosque se volvió distante.
La Alfa no.
Daniel apoyó la mano contra el suelo.
Los dedos se hundieron en el barro.
Empujó.
Nada.
Su brazo izquierdo colgaba.
El hombro ardía.
Un ojo cerrado.
Sangre bajando por la ceja.
Por la mejilla.
Hasta la boca.
Respiró.
No entró suficiente aire.
Volvió a empujar.
Una rodilla.
Después la otra.
El mundo se inclinó.
Daniel cayó.
—¡Daniel!
Lejos.
0
—Levántate.
La Alfa.
Daniel apoyó otra vez la mano.
Encontró una piedra.
La agarró.
Empujó.
Rodilla.
Pie.
Respiración.
Arriba.
Su cuerpo tembló.
La Alfa no avanzó.
Lo observaba.
Daniel levantó la cabeza.
Un ojo cerrado.
El otro sobre ella.
Xenya dio un paso.
Vega levantó la voz desde el suelo.
—No.
—Pero...
—Espera.
Xenya la miró.
—¡No puede ni mantenerse en pie!
Vega no respondió.
Miraba a Daniel.
Alyra también.
Algo junto a su mano derecha acababa de cambiar.
El aire se curvó.
Muy poco.
Como calor sobre una carretera.
Pero hacía frío.
La deformación recorrió los dedos de Daniel.
Desapareció.
Volvió junto a su muñeca.
Una chispa saltó entre los dedos de Xenya.
Se desvió.
Ella la miró.
Después a Daniel.
—¿Qué...?
Alyra dejó caer lentamente la mano.
El poco agua que todavía mantenía suspendida volvió al cauce.
—¿Eso es Éter?
Vega entrecerró los ojos.
—Se parece a una manifestación.
Alyra giró hacia ella.
—¿De qué?
Vega no respondió.
No tenía respuesta.
Daniel tampoco.
No miró su mano.
No miró el aire.
No parecía haber visto nada.
La Alfa.
Solo la Alfa.
Ella bajó el cuerpo.
Daniel respiró.
Una vez.
La Alfa salió disparada.
—¡DANIEL!
La garra fue directa al pecho.
Daniel no podía esquivarla.
No así.
No herido.
No a esa distancia.
La pata entró.
Y no llegó.
Xenya se quedó inmóvil.
La garra había pasado frente al pecho de Daniel.
Cerca.
Demasiado cerca.
Pero no lo había tocado.
La Alfa aterrizó.
Daniel seguía allí.
Xenya miró sus pies.
No había saltado.
No había corrido.
No había hecho nada que ella pudiera reconocer.
—No...
La Alfa giró.
Daniel dio un paso.
Uno.
Debería haber seguido a varios metros.
No estaba allí.
Su puño golpeó el hocico de la Alfa.
El animal retrocedió.
Daniel giró.
Otro golpe.
La Alfa respondió.
Garra.
Daniel inclinó el cuerpo.
Falló.
Otra.
Daniel dio medio paso atrás.
La garra volvió a quedarse corta.
Xenya negó lentamente.
—Eso no es velocidad.
Alyra la miró.
Xenya no apartó los ojos de Daniel.
Ella conocía la velocidad.
Sabía cómo entraba un cuerpo.
Cómo frenaba.
Cómo salía.
Aquello no era eso.
Daniel dio otro paso.
Otra distancia imposible.
—No está llegando antes.
Una rama detrás de Daniel pareció quebrarse.
No.
Seguía entera.
Solo estaba...
mal colocada.
Xenya frunció el ceño.
—Está recorriendo menos.
Una silueta tenue rodeaba a Daniel.
No era humo.
No era sombra.
No era luz.
El fondo detrás de su cuerpo parecía ligeramente desplazado.
Una rama comenzaba en un lugar y terminaba unos centímetros más allá.
El borde de su hombro parecía oscuro.
Después transparente.
Después normal.
Nunca permanecía igual.
La Alfa volvió a atacar.
Daniel giró.
La garra pasó de largo.
Un paso.
Daniel apareció junto a su costado.
Puño.
La Alfa retrocedió.
Daniel avanzó.
Otro paso.
Golpe.
La Alfa recibió en la mandíbula.
Xenya abrió los ojos.
—Vamos...
Vega la oyó.
—Mira.
La Alfa había dejado de atacar.
Daniel tampoco avanzó.
Ambos respiraban.
Ella ladeó la cabeza.
Un paso a la izquierda.
Daniel giró.
Otro.
Daniel la siguió con el único ojo abierto.
La Alfa bajó el cuerpo.
Alyra lo entendió.
—Está aprendiendo.
Xenya perdió la sonrisa.
La Alfa atacó.
Daniel se movió.
La primera garra falló.
Igual que antes.
Pero la Alfa no corrigió.
La segunda pata ya estaba entrando por otro ángulo.
Daniel apareció allí.
Impacto.
La garra golpeó su costado.
Daniel salió despedido.
Rodó por el cauce.
La tenue distorsión desapareció.
—¡DANIEL!
Xenya avanzó.
Los cánidos se movieron.
Uno desde la izquierda.
Otro desde el desnivel.
Dos cerrando detrás.
No entraron.
Se cerraron alrededor.
Vega levantó la voz.
—¡Xenya, atrás!
Xenya frenó.
Electricidad alrededor de sus brazos.
—¡Está solo!
—Lo sé.
—¡Pues déjame entrar!
—Y no sales.
Xenya miró a los cánidos.
Después a Daniel.
No respondió.
La Alfa tampoco miró al resto.
Daniel.
Solo Daniel.
Él respiró contra el barro.
Una vez.
Otra.
Cerró la mano derecha.
Empujó.
Rodilla.
Pie.
Arriba.
La deformación apareció otra vez.
Inestable.
Pegada a su cuerpo.
La Alfa entró.
Daniel dio un paso.
Nada.
La garra lo golpeó en el pecho.
Daniel cayó.
Xenya abrió los ojos.
—Ha fallado.
Alyra la miró.
Daniel tosió.
Sangre.
—Lo que sea que está haciendo —dijo Xenya—. Ha fallado.
La Alfa se acercó.
Daniel apoyó la mano.
La distorsión volvió.
Desapareció.
Volvió otra vez.
Daniel levantó la cabeza.
La Alfa atacó.
Un paso.
Esta vez Daniel ya no estaba allí.
Apareció junto a su cuello.
Puño.
La Alfa rugió.
Daniel giró.
Ella también.
Garra.
Daniel intentó apartarse.
Nada.
El golpe le sacudió el torso.
Cayó.
—No lo controla —dijo Vega.
Melisa observaba la respiración de Daniel.
La sangre.
El hombro.
La forma en que volvía a intentar levantarse.
—Entonces tiene que parar.
Vega no respondió.
—Vega.
—Lo sé.
—¡Pues haz que pare!
Vega levantó la voz.
—¡Daniel!
Nada.
—¡Daniel!
Él apoyó una rodilla.
No giró.
No respondió.
Melisa lo entendió.
—No nos está oyendo.
La Alfa.
Daniel.
La Alfa.
Nada más.
Daniel volvió a levantarse.
La Alfa amagó.
Daniel reaccionó.
Ella cambió.
Un paso.
La silueta de Daniel pareció desplazarse.
La Alfa no atacó donde estaba.
Atacó más allá.
Daniel apareció allí.
La pata lo golpeó.
Cayó de costado.
La Alfa no entró inmediatamente.
Esperó.
Observó.
Alyra tragó saliva.
—Ya sabe dónde buscarlo.
Vega apretó la mandíbula.
Daniel se levantó.
Otra vez.
Sangre cayó de su rostro.
Una gota.
Otra.
La Alfa avanzó.
Daniel dio un paso.
Esta vez apareció demasiado cerca.
La Alfa no pudo completar el golpe.
Daniel chocó contra su cuerpo.
Su mano derecha encontró algo en el barro.
Metal.
Cerró los dedos.
Un A.R.E.
El que había perdido.
La hoja estaba dañada.
Daniel lo levantó.
La Alfa atacó.
Metal contra garra.
El impacto sacudió el brazo derecho de Daniel.
La gran garra quedó atrapada entre la hoja dañada y una roca.
La Alfa tiró.
Daniel no soltó.
El fondo detrás de su mano se desplazó.
La hoja pareció doblarse.
No.
La roca.
No.
Algo entre ambos.
CRAC.
El A.R.E. se partió.
Algo salió girando por el aire.
Cayó al agua.
Una garra.
Grande.
Rota desde la base.
La Alfa retrocedió violentamente.
Sangre en la pata.
Daniel quedó con media empuñadura en la mano.
La soltó.
Ni siquiera miró lo que había ocurrido.
La Alfa rugió.
Xenya levantó ligeramente las dagas.
Iskander abrió los ojos desde el suelo.
Serrano giró la cabeza.
Vega permaneció inmóvil.
La Alfa miró su pata.
Después a Daniel.
No había A.R.E.
No había nadie entre ambos.
La Alfa avanzó.
Daniel también.
Garra.
Daniel se apartó.
Puño.
La Alfa esquivó.
Otra garra.
La distancia pareció cambiar.
Falló.
Daniel entró.
Golpe.
Costado.
La Alfa respondió.
Daniel recibió en el torso.
Cayó.
Se levantó.
La Alfa volvió.
Daniel dio un paso.
Nada.
Impacto.
Otra vez al suelo.
Melisa negó.
—No puede seguir.
Xenya apretó las dagas.
—Ya lo sabemos.
Daniel apoyó la mano.
Empujó.
Su brazo derecho tembló.
El izquierdo continuaba inmóvil.
Una rodilla.
Arriba.
La Alfa respiraba con la boca abierta.
Sangre en el costado.
Una pata herida.
Una garra menos.
Daniel:
un ojo cerrado.
Sangre cubriendo parte del rostro.
Un hombro inutilizado.
Sin A.R.E.
Los dos quietos.
Los demás cánidos dejaron de moverse.
La Alfa bajó el cuerpo.
Daniel no cambió de postura.
Ella cargó.
Xenya dio un paso.
—Daniel...
Cinco metros.
Cuatro.
Tres.
Daniel seguía quieto.
Dos.
La tenue deformación alrededor de su cuerpo cambió.
Hasta entonces había temblado.
Aparecido.
Desaparecido.
Ahora se pegó a él.
Al brazo.
Al puño.
El fondo detrás de sus nudillos se desplazó.
Un metro.
Silencio.
Daniel lanzó el puño.
No hubo luz.
No hubo descarga.
No hubo explosión.
Su brazo recorrió la distancia de un golpe normal.
La Alfa todavía estaba demasiado lejos.
El puño conectó.
El cuerpo de la Alfa salió despedido.
Atravesó el cauce.
Tierra.
Piedras.
Vegetación.
Una roca se quebró con el impacto.
El animal rodó.
Otra vez.
Hasta detenerse.
Silencio.
Daniel permaneció con el brazo extendido.
Xenya no se movió.
Alyra tampoco.
Iskander miraba sin parpadear.
Serrano había dejado de intentar incorporarse.
Melisa se quedó quieta.
Vega miró a Daniel.
Después la distancia entre él y el lugar donde había caído la Alfa.
No dijo nada.
Daniel bajó el brazo.
La deformación tembló una última vez.
Desapareció.
—Daniel... —susurró Xenya.
Él no respondió.
Algo se movió entre la vegetación.
Xenya levantó las dagas.
Los demás cánidos giraron.
La Alfa apareció.
Despacio.
Una pata.
Después otra.
Cojear.
Respirar.
Sangre.
El costado subía y bajaba demasiado rápido.
Una pata apenas apoyaba.
Parte del pelaje estaba cubierta de barro.
Viva.
Daniel no se movió.
La Alfa tampoco.
Se miraron.
Un ojo de Daniel.
Los dos de ella.
La Alfa levantó ligeramente el hocico.
Inspiró.
Daniel permaneció delante.
Sangre.
Barro.
Inmóvil.
La Alfa dio un paso atrás.
Después otro.
Uno de los cánidos se movió hacia Daniel.
La Alfa emitió un sonido bajo.
El animal se detuvo.
La Alfa siguió mirando a Daniel.
Un instante más.
Después giró.
Un cánido la siguió.
Otro.
Después los demás.
Ninguno atacó.
Daniel siguió mirando hacia los árboles.
La última silueta desapareció.
Xenya bajó lentamente las dagas.
—Daniel.
Nada.
Él miró su mano derecha.
Abrió los dedos.
Los cerró.
Las piernas cedieron.
Xenya se movió.
Llegó antes de que golpeara el suelo.
—¡DANIEL!
Lo sujetó por el lado derecho.
Daniel no reaccionó.
—¡Melisa!
Melisa ya corría.
—¡Túmbalo! ¡Ahora!
—El hombro...
—¡No tires del izquierdo!
Xenya cambió el agarre.
Lo bajaron.
Melisa puso dos dedos en el cuello.
—Pulso.
Daniel respiró.
Muy poco.
—Daniel.
Nada.
Melisa revisó el ojo que podía abrir.
Después observó la herida del otro lado.
—Necesito material.
El técnico reaccionó.
—Tengo.
—Tráelo.
Xenya seguía arrodillada.
Las manos cubiertas de sangre.
—¿Está...?
—Está vivo.
Xenya cerró los ojos.
Solo un segundo.
—Presiona aquí.
Xenya puso la mano.
—¿Así?
—Más arriba.
—¿Así?
—Sí.
Melisa miró el hombro.
El pecho.
La cabeza.
—Joder, Daniel...
Motores.
Esta vez no estaban lejos.
Luces atravesaron los árboles.
Voces.
—¡A.E.E.!
—¡Equipo médico!
—¡Contacto localizado!
El técnico levantó un brazo.
—¡Aquí!
Los primeros operadores descendieron al cauce.
Después los sanitarios.
Se detuvieron apenas un instante.
El escenario hablaba por sí solo.
Árboles dañados.
Rocas desplazadas.
Sangre.
Restos de A.R.E.
Marcas en el cauce.
Vega en el suelo.
Serrano en camilla.
Iskander incapaz de ponerse en pie.
Alyra apoyada sobre una rodilla.
Xenya cubierta de barro, sangre y marcas de golpes.
Melisa inclinada sobre Daniel.
Daniel inconsciente.
—Prioridad médica —ordenó uno de los responsables—. ¡Clasificación y extracción!
Dos sanitarios fueron directamente hacia Vega.
—Operadora Vega.
Ella asintió.
—Costado. Rodilla.
Otro equipo llegó hasta Serrano.
—Operador Serrano. Tenemos registrada la lesión de la pierna.
—Qué atentos.
—Serrano —dijo Vega.
—¿Qué?
—Cállate.
El responsable del equipo se acercó a ambos.
—El despliegue E-47 os mantiene como mando conjunto.
—Correcto —respondió Vega.
—Necesito situación preliminar.
Serrano miró hacia el bosque.
—Manada en retirada.
—¿Alfa?
—Viva —dijo Vega—. Herida. Se ha retirado con ellos.
El responsable miró el cauce.
El rastro.
La sangre.
—¿Bajas?
—Ninguna confirmada.
—¿Heridos?
Vega miró al grupo.
—Todos.
El hombre recorrió el escenario con la vista.
—¿Qué ha ocurrido?
Silencio.
Xenya seguía presionando la herida de Daniel donde Melisa le había indicado.
Alyra miró hacia ellos.
Iskander levantó ligeramente la cabeza.
Serrano observó a Vega.
Vega miró a Daniel.
Después a Xenya.
El responsable siguió el rastro de sangre de la Alfa.
—Necesito saber qué intervención provocó la retirada.
Silencio.
Xenya miró a Daniel.
Después sus dagas.
Alyra la miró.
Y entendió.
Vega también.
—Intervención Voltris —dijo Vega.
Xenya levantó los ojos.
Durante un segundo no dijo nada.
Serrano miró a Vega.
Después a Xenya.
—Bajo coordinación conjunta —añadió.
El responsable esperaba.
Xenya volvió a mirar a Daniel.
—Mía.
Iskander cerró los ojos.
Alyra bajó la mirada.
Melisa siguió trabajando.
Nadie corrigió a Xenya.
El responsable anotó.
—¿Resultado?
Vega respondió.
—Alfa herida. Retirada de la manada.
—¿Solo Voltris?
—No —dijo Serrano—. Enfrentamiento conjunto.
Vega asintió.
—Todo el equipo.
El responsable miró el estado en que estaban.
No parecía difícil creerlo.
—Lo detallaremos en base.
—Sí —respondió Vega.
Los sanitarios empezaron a preparar la evacuación.
—Camilla aquí.
—Necesito inmovilización para el hombro.
—Iskander no camina.
—Vega tampoco.
—Serrano ya está preparado.
—Alyra, ¿puedes mantenerte sentada?
—Sí.
—Xenya.
Ella no respondió.
—Xenya.
—Sí.
—Tenemos que moverlo.
Miró a Daniel.
—Vale.
Melisa se levantó para dejar paso.
Entonces vio algo en el agua.
Metal.
Parte del A.R.E. roto.
Y junto a él:
algo curvado.
Oscuro.
Melisa se acercó.
Se agachó.
Lo recogió.
Una garra.
Rota desde la base.
Sangre todavía en ella.
Xenya la vio.
—¿Es...?
Melisa miró hacia el bosque.
Después a Daniel.
—Sí.
Xenya observó la garra.
Después los restos del A.R.E.
No dijo nada.
Melisa abrió una bolsa de equipo.
Guardó dentro las piezas recuperables del arma.
Después la garra.
Cerró.
—Va con sus cosas.
Xenya asintió.
Daniel fue colocado en la camilla.
Brazo izquierdo inmovilizado.
Oxígeno.
Vendaje alrededor de la cabeza y el rostro.
Parte de la sangre seguía visible.
Xenya caminó junto a él hasta que un sanitario levantó una mano.
—Necesito espacio.
Ella se apartó.
Un paso.
Nada más.
Alyra pasó ayudada por otro operador.
Miró a Xenya.
Xenya la miró.
Ninguna habló.
Iskander fue levantado entre dos personas.
—Odio las camillas.
Alyra giró ligeramente la cabeza.
—Cállate.
Iskander cerró los ojos.
—Vale.
Serrano salió después.
Vega detrás.
Incluso desde las camillas discutían sobre cuál de los dos debía evacuar primero.
Los sanitarios ignoraron a ambos.
El vehículo arrancó.
Daniel no se movió.
Melisa seguía junto a él.
Monitor.
Oxígeno.
Vendajes.
Xenya enfrente.
Alyra a su lado.
Iskander sujeto en otra camilla.
Durante varios segundos:
nadie habló.
Xenya miró su mano.
Una chispa apareció entre sus dedos.
Recta.
Breve.
Familiar.
La apagó.
Alyra fue la primera.
—Lo vimos todos.
Xenya levantó la mirada.
Iskander abrió los ojos.
Melisa continuó trabajando.
—No ahora.
—Melisa...
—He dicho que no ahora.
Silencio.
Pasaron unos segundos.
Melisa terminó de ajustar el vendaje.
Miró el monitor.
Después a Daniel.
Alyra habló más bajo.
—¿Eso era Éter?
Melisa no respondió.
Xenya miró el rostro de Daniel.
—No sé lo que era.
Alyra tragó saliva.
—Pero no era ninguna Casa.
Iskander cerró los ojos.
—Y él sigue siendo...
No terminó.
Nadie necesitó que lo hiciera.
Daniel permaneció inconsciente.
Junto a su camilla:
un A.R.E. roto.
Una garra de la Alfa.
Y en algún lugar de la A.E.E.,
su expediente seguía diciendo exactamente lo mismo.
RESERVA: 0
FLUJO: 0
CONTROL: 0
SINCRONÍA: 0
CERO.
CORTE A NEGRO.
FIN DEL EPISODIO 22 — DISTANCIA